Saturday, September 23, 2017

Sobre el paisaje del dolor tal vez comprenderas todo el misterio, toda la sabiduría oculta. Hace falta ser un poco el maestro de uno mismo y al mismo tiempo, encontrar quien te reciba, quien te de un lugar en su corazón para que puedas despertar. Eso te pido, para que cuando desemboques en tu propio silencio sepas asumir de la mutilación de tu cuerpo, alguna danza posible, algo que te sirva para merecer el propio trabajo, la vela que arde solitaria de noche, y espera ya fuera de toda decadencia, un momento para brillar y dejar que otros brillen, para que el brillo sea mayor. Y asi te dare un instante en que tus manos, aferradas a otras manos sepan escribir la red viviente que te guía encima de las tormentas bipolares hacia otros mundos, en el esfuerzo de sacudir las hojas y de transmitir una alegría plena, con el desplegarse de las campanas, con la plenitud de un sol que hace nacer los brotes en la tierra, de la semilla del nacimiento, acaso el tuyo o el mio, pero un nacimiento que abre nuevas puertas y nuevos reinos, en una manera de sentir los sabores y los aromas de todo este presente que anida en las grandes orquestas, en los sentimientos mios de ver el paisaje, de vivir adentro del paisaje, también como un espacio de felicidad al sentir de la cigarra, de la mujer, del amigo y de toda la psiquiatría.

Tuesday, September 19, 2017

Todo lo que espero de mis manos es que me dibujen el cuerpo con palabras. Que sepan deletrear el horizonte de mi pensamiento, sin niebla, concretando acaso un abrazo especial con quien me lee. Necesito volcar mi temperamento en este huerto lleno de berenjenas y frutillas, cercado por otros huertos soñados, con ese olor especial de la tierra mojada, que si no lo sientes, la escuchas a ella tocando el citar desde muy lejos, y vos haciendo el amor debajo de los puentes, refugiado de guerra por autopistas, por campamentos y selvas y toda clase de animales y de opio; algo que te diran que es una aventura, pero la mejor aventura es la de tus dedos en el teclado dándole forma desnuda al cuerpo de diamante, al cuerpo solar que atraviesa como un secreto la madera, la tempestad del invierno como si fuera un amor que se desgaja, que se atraviesa, que se ensaya y se pincha y a veces se martillea como los amores inútiles, algunos sexuados, otros inverosímiles que pertenecen al reino de la travesura, cuando el niño aprende a mirar con ojos de niño mas alla de las ventanas, en las cosechas, en los tiempos de venir a cantar sin canto la palabra contra el muro, contra la guerra, por todo el tabacal, toda la arena del sembradío, el paisaje del niño que se desnuda en el paisaje y ve llover detrás de su llanto la mirada que nace en Elena, la propia mirada del acantilado, de su pena en la travesura que insiste con encender la gran fogata, con incendiar el gran mundo para atravesarlo de deseo.
Este libro gratuito que se acomoda según mi propia manera de pensarme y exigirme, yo que trato de armar las piezas sueltas de un juego que comienza con mi padre, con su muerte, su legado. En ese escondrijo que soy, como me veo terminando mi vida, disfrutando de momentos que son mismidad pero también pensando en proyectos que no se ajustan, que no me enseñan a dormir, yo tratando de permanecer firme, de poder realizarme, de encontrar el mundo de mis lectores, de poder vivir de esto como quisiera mi hermano, como no comprende, como soy capaz de no poder comprender mi soledad como escritor sin mercado, sin certamen, con las venas en sangre por hacerme acompañar, por la compañía de los otros, por todo el pedazo de tiempo que paso con los demás, mi vicisitud bipolar, que apenas se corrige, mi debilidad y al mismo tiempo mi fuerza de ir soñando como quijote, en contar una historia subvertida de mamà, que teme lo temerario, de ir por los pasillos de la casa de su hijo, de los tantos caminos abiertos en su cuerpo, de las tantas mansiones abandonadas de su tristeza, los recorridos de la música, los estallidos, las nervaduras; las cosas que hace con los pinceles, con su desnudo como si fuera una flor que florece en mi con el olor de las castañas quemadas en parís, en los inviernos de su llanto, de mi protesta, en todos los mundos que se queman, en todas las guerras que se incendian, por todos los caminos multiplicados, todas las servidumbres para el corazón que se abre y se deleita en los cielos profundos, en los avatares del dolor, de la tibieza de los números, de la razón de existir en las palabras, como si se domesticara de niño, como si cavara una fosa profunda para derramar sus lagrimas, en ese espacio secreto de su infancia, cuando duerme y se emociona y se arrebata y de pronto grita, porque esta solo entre sus muertos, en sus cementerios, hablando de bóvedas, de lapidas, de mortajas, de blanca nieves, de todos los cuentos infantiles, de toda esa muerte en los floreros, esa muerte suave y liviana, como es la muerte de los cielos tempranos, mientras te hablo, mientras te espero y soy un poco como vos, mientras te pienso.

Tuesday, September 12, 2017

Y esa especie de encantamiento que es la ciudad, que es la escritura de tus calles, tus luces y tus sombras; todos tus aullidos, tus lamentos y tus silencios nocturnos. Yo ya no siento mas la miseria, siento que la vida arde, que el llanto es como la mordedura de un nacimiento; que en alguna parte me estoy sembrando de mi propio niño, en la nervadura ideal de un sueño, de todos los sueños como emboscadas de la realidad; el sueño que se mira a si mismo en el pleno sentimiento de un amor originario, como en el barrio de Palermo, en las plazas y en los bares, a media sombra esta vez, acaso tras los pasos que da la gente en mis pasos, todos los aplausos de la platea, esos ensueños libertarios, esas maneras bipolares de sentir en la pintura, en la música y en los libros algo que danza en su propio misterio y devenir, un invento precioso, una ciudad de maravilla como los cuentos de niños, como las fantasias y el mundo en los pasillos, en su juventud, en su voz de madre, en sus manos mágicas, todo resonaría como un poema, algunos lo leerían al pasar, otros se quedarían en la puerta, otros dejarìan una flor o una moneda, pero siempre inventariamos la novedad del primer rostro, la primera escritura en la arena , en las calesitas, en las sortijas bipolares.
Al escribir me desenredo y me vuelvo a enredar de mi propio cuerpo desnudo, me visto con los mejores paisajes, me voy pariendo de mis propios padres a mis locuras de tiempos hermosos, de galopadas en el sol atravesado, de llanuras y palabras en la casa de campo, donde los rascacielos para mirar la vida, los ríos profundos de interminable hojarasca, en mi sala de partos donde me nombran sobre el llanto de una cocina que humea, de una soledad que va creando su propio despertar ,a veces a escondidas en los altillos, con los primos, con las tias, todo lo que fue mi infancia, lo que pude respirar de ella en los ahogos, en las casas vecinas, en las calles, siempre soñando el sueño de los ladrones, de la caceria sin final, de las bibliotecas y los libros y toda la aventura de leer, toda la tentativa de escribirse y no desmoronarse, a veces la imposibilidad de la palabra, los bloqueos para escribir la yegua, la maravillosa yegua del campo, la cicatriz de las cosas que quedaron muy lejos y que se ven a través de una ventana, cuando fue un mundo sin recuerdos, de no poder ubicarse en tu mirada, de no saber preguntar.

Sunday, September 10, 2017

Detrás del reino, la parábola de la traición y de allí, como remontar, como volver a construir los pedazos rotos, algunos que no quieren volver a soldarse; dar la cara para recibir una ofensa, una hostilidad lejana y entonces, la insula dolorosa, las manos del perdón amputadas, crucificado por la eterna condena de la locura, de la que no se habla, de la que se siente vergüenza, la imperdonable locura que te hiere por dentro, tus propios actos que se vuelven en tu contra, una lectura del devenir en otros manicomios, lo que puedes hacer por mi a pesar de todo, lo que me hace sentir miserable, arrepentido, también juzgado por el humor absurdo del dolor, si ya todo fuera una mentira, pero lo incomprensible de tus actos que son como rayos, desiertos profundos en la primavera que se brota en tu cabeza, en la sangre de tus propios impulsos donde cae ese altar que habias colocado en lo alto, tu propio hogar ahora vencido, ahora arruinado en los brazos de mama, cuando en tus brazos se muere también la cordura del rostro bipolar.

Saturday, September 09, 2017

La imaginación vuela mas alla de la realidad, donde te veo parir, te veo morir y llevarme en andas y sonreir en la punta de la mesa donde esta toda la familia reunida. Donde hay imaginación hay un escudo y una poderosa flecha y un castillo y un fuego encendido, porque donde faltas, yo te tengo presente, donde no estas yo te invento. Por todas esas noches estrelladas, noches como preguntas inmensas, de un niño que mas grande, conocería la locura de inventarse a si mismo y verte en el mismo camino con el cielo despejado, con las manos como agua, con la mirada de la dulzura de una diosa, mamà, donde te registro aun en mi interior, tan bipolar como yo, en los enredos del subvertir distancias y familias, en la composición de nuevos paisajes como melancolías, como tristezas que te tengo en mi mas alla de tuyas, apretadas tristezas y a veces como licores, de sabores, de profundas alegrías que levantan aromos y danzas, que te miro, que siempre te miro en tus recortes, en tus angulos, en tus fotografías que son mi manera de abordarte, mi manera de seguir adelante, yo que te resucite, yo que te tengo viva en mi interior, con tu voz de terciopelo, en tu pecho desnudo, como te desnudas para abrirte de la muerte en una ceremonia de sol y mar, para amarte, siempre.
De la mente nacen los cuervos Los que aprendemos a crecer entre ráfagas de viento vivimos atados a las camas del hospital psiquiátrico donde una voz murmura la cuenta diaria de la pastilla de halopidol. Apiñados entre la niebla y el frío esperamos en largas filas el consuelo gratuito del tabaco para perdernos en las galerias grises, las interminables escaleras que conducen al abismo infinito. Somos muchos los llamados a padecer las huellas del mundo dividido. Engrosamos las filas de una multitud silenciada por estadisticas y espejos. En largas habitaciones el hombre olvida sus pesadillas a costa de sueños de espanto, letanías dolorosas y complejas peregrinaciones por la ciudad sitiada. La inmensa mole de ventanas enrejadas lleva la conciencia propia del tedio en una arquitectura mental llamada : hospital Borda. Los límites de sus puertas y sus guardianes son los límites del mundo. Aquí, el imperio de la dolorosa muerte. Allí , la libertad que nos arrancan. Formamos parte de la vergüenza y el dolor de cada familia, somos diferentes, singulares, nos refugiamos entre las mantas con el deseo de ser tan sólo oscuridad. Es el sueño el gran liberador de nuestro sufrimiento, la paz que nos anuncia una libertad que no tenemos. Mañana nuestros rostros serán la galería de un mundo que no quiere saber quiénes somos. Por eso nuestro trastorno es una intuición de la vana indiferencia humana. En cada casa, cada calle, cada pueblo , somos el cuerpo caído en el final de la oscura ruta; cuerpo perdido, juzgado y sepultado en un otoño innombrable y prohibido. A estas horas donde yo he perdido la mirada, queda la habitación del manicomio como un recuerdo laberíntico de señales y reflejos que no pueden ser escuchados o interpretados. Este padre de familia, corredor de mundos por viejas autopistas, choca con la primera ciudad que ve sola y cae en ella y muere en ella, sobre todo porque la intuye fantásmagorica. Solo ve un sol que cae y anuncia su llegada al mundo en un parking de shoping y esta perdido sin una sombra que le señale el camino de su rostro. En esos interminables espejos busca con alma exquisita el desliz favorito de una ocurrencia salvadora para llenarse de mundos, paisajes de la mente solitaria junto al puente del hombre donde siempre descansa su necesidad de palabra. Miro mas allá del sol una ciudad de prisioneros , hombres sedientos de libertad y reconocimiento que son y serán los esclavos de siempre mirando ciegamente los techos. La sociedad celebra al márgen de estas paredes todas las trivialidades que el loco murmura para si como una paradoja. Es que él jamás fue convidado a la fiesta, siempre se sintió dueño de un sueño de palabras que no llegaban a tiempo, muriendo en los bautizmos, en todas las cruces familiares, surgiendo de las batallas, peleando su metro cuadrado, mientras el siglo apura, la gente se emborracha, se llega siempre tarde a todas partes y es la última apuesta, voy entre vencedores y vencidos a la última prisión esposado. Las cadenas negras son mi grito desde donde me apago como una estrella. Así caminé contra el frío y el hielo. Así viví las últimas vacaciones de mi innoble desocupación. Ahora soy la parte de silencio que le falta a una palabra para ser palabra. Y no he olvidado la locura. Santiago Linari

Tuesday, September 05, 2017

Y a veces no se donde poner mi tiempo, donde puedo ampararme sobre la tarde que respira soles profundos o vientos que degradan el caminar por la vereda de Buenos aires, por la ciudadela llena de música y de gente encorvada en sus apariencias, en su videncias dolorosas, melancólicas, por momentos felices. Pero siempre hay que pensar en la dulce compañía, en la madre sola, en el hijo que llora todas las primaveras. Hay que empezar por todo lo tachado, por la mirada del cielo, para atravesar los mares con nuevas naves, a pesar de los números, de los quebrantos, de las sociedades anónimas y de los gritos de todas las profundas acechanzas, siempre es tiempo de seguir respirando, de sacar la parte viva de tanto desastre y la nueva orientación por ese anonimato callejero, por ese hospital donde crecen y mueren las enfermedades, se desviven de ilusiones los enfermos, convidan a nuevas estrategias de rinoceronte, en el zoo de la vida donde el cazador caza a su caceria, siempre verde la magia del abanico en el dolor de los únicos ausentes, los malvivientes de lo mal vivido en las manos de dios, en la tentativa incesante de curarse, de mojar con agua sus heridas en el ciclo que abre el porvenir como una flor o como un huevo que se rompe o como la frase que aturde por el sol que calienta sobre los hombros, sobre el lunar atravesado en la nariz profunda de su desnudo, de su cuerpo doloroso, de su ambicion de tanto dinero que va perdiendo entre todas sus ambiciones se va quedando solo, hecho de simple mugre de ceniza, como porfìa de algo batido entre las olas, mientras llora y se cuece como un fideo.

Monday, September 04, 2017

Siempre que tuviera en sus raíces las palabras, alentaría su identidad, sacando agua de un pozo, siempre alentaría su identidad bailando en un hospital cercano. Seria como moverse y a veces confundirse y replegarse; seria un poco como cuando cocina, sentir su cuerpo encumbrado en el tiempo, en la danza de la sopa, de la ternura del pollo, su cuerpo como un ingrediente mas que trastabilla en ocasiones por el columpio mágico de la conciencia, en la danza del caballero, en la danza amiga y compañera de toda la salud de los enfermos, donde se inclina la tarde junto a tu espalda, junto a tus manos, como que me llama poderosamente la atención esa curvatura de la espalda en otras espaldas, esa reminiscencia de la mirada mas profunda, esa invención de las manos aunando voluntades, siempre con todos, recorriendo el circulo de lo que se bailara después en otras danzas, porque donde hay danza no hay locura, el cuerpo esta como ceñido a su movimiento espectral, a su deseo de ensamblarse, de la mirada en los otros, de los brazos extendidos como poemas que se escriben al pasar, con el sentimiento del fuego, del pájaro que por un momento puede ser si mismo como pájaro hombre, como lagarto o como perro, un regalo de la vida, una celebración, un homenaje a todos lo que intentan crecer mas alla de sus heridas, con sus dolores a cuestas, a veces murmurando los propios episodios, las grandes caídas del corazón, donde llora la niebla su melancolía y desespera pero también canta y se asombra, se levanta gracias a todos los que ponen el hombro por el, a todos los que hacen fuerza por levantarlo y el lo siente y el se mueve y el reconoce la huella de la vida, la pasión de renacer.

Saturday, September 02, 2017

Sucedió un dia, que no podía hablar, y tenia dos hijas y las abrazaba y ahora escucho la música de ese abrazo y a veces me siento callando, por no haberme merecido yo niño, acaso por todas esas desprolijidades de ser un poco papa y un poco enfermo, atravesando rutas con ellas, también atravesando edades, como si fueran pedazos de juguetes rotos que armamos y desarmamos; pedazos de sueños comunes que se cumplieron, de amores rotos que se fueron como un silbido o como en una pantalla de cine los amorosos enamorados de siempre, los grandes inviernos musicales donde la aventura es el frio de los besos que quedaron congelados, el abrazo a mis hijas es como el abrazo a una gran montaña, es como una casa con un fuego encendido, es como todos los abrazos, único en el paisaje de los grandes océanos , de las batallas por la salud, cuando la mente lucha por desasirse de sus propias tormentas; es un abrazo como un puerto, como un barco, un abrazo necesario para abrir las mañanas, la lucha de los escarabajos en la arena, el tiempo del devenir hombre, padre e hijo para siempre.
Hay muchas historias atravesadas en los rincones del muro, donde a veces las palabras resignadas se sublevan porque el mundo familiar deja huellas de otros mundos que quedaron aplazados. Por eso yo juego con palabras en el puro instante y me dejo llevar por el latido de una rosa, de noche, en ese país de los columpios, me dejo atravesar por el deseo de una mujer que me duele, como si quedara ensartado en mi propia locura de merecerla o no merecerla, todas las manos para sonreírle de la mejor manera ahora que escribo mi condición bipolar, que trato de detener mi condición oscilante, de no dividirme, de no representar al caballero de las moscas. En fin, ese mundo de playas interminables, de paisajes difusos; ese mundo que me contiene en la red de Indra, en el corazón viviente de su lazo sistémico, por las esperadas mansedumbres, por los reflejos rebeldes, por toda esa paz que celebre en mi interior y que me supe ganar detrás de los cortinados de mi dolor, en aquellos encierros sufridos, en el tedio de las huellas del horizonte, de la eterna madrugada, de la penumbra en que me tuvieron arrojado.

Tuesday, August 29, 2017

Y me aleje de mi mismo para echar mis pedazos en un rincón, y que se lo comieran los lobos, todos esos pedazos de enfermedad, toda esa vida al garete, flotando a la deriva de un poema, de un paisaje que se abre a los cuatro vientos de la locura y que se siente como una emancipación, como una fiesta y de pronto soñar en medio de los libros, perderse en una novela, por amor quizás a esa mujer que te hace sentir mas joven y que sobrevuela tu camino, a la espera de tu desamparo, de tu ser vulnerado, como si hubieras despertado en el medio de un gran mamarracho, hablando de la maternidad, de todos los padres del mundo, del pecho fecundo y continente, como es el pecho del mundo, de las ciudades, de los pueblos en la madre que sangra, en su futuro, por todas las frias sombras de los ataúdes, por la ultima blancura que se deshace en la mortaja, en tu risa que rescato, en tu andar como andan los hermanos solos en los pechos malditos, los que no pueden nombrarse, los eternos pechos de la muerte que habitan lengua arriba, en la mudez, donde los planetas se circuncidan también eternos en la noche que ella llega para morir con su vestido, para nacer con su vestido, para dejar una tierra sabia, una firma, una señal en la memoria viva que la restituye, que la trae de vuelta, que la deja para siempre viva entre nosotros por un amor quedo con los brazos amputados, como la familia amputada, por todos esos desesperos neutros, esa agonía de morir desde siempre con ella, de no conformarse con otras cosas domesticas si faltaba su mirada, si faltaba todo.
Alguna vez estuve en el vientre, junto al sol, y ahora respiro y soy. Me acuerdo al nacer todos mis nacimientos en la calle, en el fulgor de tus brazos como ciudades, como ventanas o sonrisas. Yo me dejaba pasar, yo iba adelante, me gustaba ir con todos, moverme en el tiempo de la ciudad, en el corazón de los colectivos, me gustaba ser parte de un gran sueño, de un embarazo con los cinco hermanos de las manos, de este trastorno que imagino, de esta marea bipolar como una gran marea de los tiempos, de los huracanes de la memoria, siempre de tu mano con los cinco hermanos, mezclado en el nacimiento de los abuelos, que no tuvieron, que apenas esperaron la muerte fugitiva de los caracoles en tu sangre de madreperla, donde yo me escondo, siendo niño, con mis cinco hermanos, en la cuerda floja, confundido, siempre callado en tu grito desesperado, en tus manos abiertas donde el canguro, donde la panza, donde sancho panza, donde el quijote y mi mujer y mi soledad en la sangre sangrando en bicicleta, pariendo sangre de mis cinco hermanos en la locura de mi sangre, de toda mi muerte vapuleada, centrifugada, olvidada a palazos, de lo que no se puede decir, de lo que hay que callar desde siempre, por los tios, por los primos, por los cinco hermanos.

Monday, August 28, 2017

Yo tengo miedo del firulete de la locura, que me llevara por las alambradas, hacia destinos oscuros. Me voy a defender con la música, con los libros, con la pintura y si pudiera dibujar un pensamiento claro, luminoso, un tesoro de mi mente renacida, para encontrar mil veces a mis padres, para buscar en ellos el refugio, la cuna, la sortija que me haga salir de toda esta melancolía, esta soledad de mi cuerpo anudado en la tierra, en el vientre, en el ombligo como una manzana, como un dios que busca en los resquicios su futuro, la marca de su llanto en sus manos, la avaricia del tiempo que lo deja solo en un campo de concentración. Y buscaría nacer en el agua, en su sonrisa, entre sus piernas, buscaría la suerte de Juancho, las manos que me dieron y no se olvidan y las tardes que caen en el cementerio y todo el mármol de las bóvedas y los pasamanos en los ataúdes, yo cantaría la muerte para volver a caminar mi nacimiento, las bodas inconclusas, los anillos, las ultimas palabras que se llevo la arena, yo iria con ellos medio ciego medio mudo, pero volveria a nacer para escribirlo en la hondura del barrio, en el saberse contenido por su risa, por el mundo de los hermanos, de las mucamas, de los perros.
De todos mis recortes, asi como bailo y camino por las calles, en mis pensamientos que alzan vuelo logrando climas, territorios, serpentinas como poemas del cuerpo desnudo, como un viento que trae el nacer para cubrirse de madres, de tierras, en la mirada del sol, por todas las costaneras que dejan abierto en paranà el mundo de los peces, de los sueños impecables en otras camas, con otras mujeres, siempre seria el espacio de un porvenir como un beso, como un abrazo y seria también la manera de encontrarte, también de buscarte en esas salas perdidas donde te vi llorar, preparándote para el electroshock y después quedarías como temblando de miedo yo te imaginaria asi, sin que tuvieras a quien, llorándote como te lloro en otra sala del tiempo, pero habría mujeres y serian un poco como vos y estarían todas colgadas de la misma locura y todas querrìan ser un poco tu llanto, perdida entre los peces, por una costanera con un cochecito y por todos los mundos posibles donde el dolor, todo tu dolor y el nuestro, que nunca pudo ser dicho.
Me sentía un huevo frito cuando me dieron el diagnostico, pensé soy mucho mas que este pedazo de ser soy además mi gusto por la lectura, mis caminar las calles, soy huérfano y tengo adentro mio los padres que no tuve, llevo en ellos mis sueños, mi manera de volcarme en el presente hacia todo mi sentir, todo mi emocionar con los arboles y la gente, todo mi ser desnudo en las canteras, mi ser de grito en las penumbras, en los manicomios; soy un pedazo bipolar mezclado con los ingredientes de un libro, de una biblioteca, de un pensamiento. Y a veces sangro por el lado loco de mi propia medicina, que es pasar entre los demás como siendo uno mas, quizás un pájaro que sabe cantar o un gato, no lo se, pero el tiempo a veces me juega una mala jugada, me dejo embestir por el destino , el tiempo me lleva aguas arriba en un mundo donde hay toda clase de dolores, toda clase de aventuras, de viajes imaginarios en tu barrio que es como un planeta, acaso una mágica esperanza de verse sucumbir en una cama en un planeta bipolar donde cabe el dolor y cabe también mucha alegría para reverdecerse por completo como la espuma verde de las olas, como tu madre verde en las avenidas del parto, pariendo siempre margaritas eternas invenciones y llantos y quizás un eterno contoneo del cuerpo en la marea de los hospitales.

Wednesday, July 26, 2017

La manada resiste vida arriba acariciando el sol de la ciudad. La manada aguanta sus duros golpes, se inerva, danza su martirio, su crucifixión, dándole al guante de las únicas cosas que valen la pena, en el asiento trasero del auto o en la bicicleta, sigue su ruta en la espalda, en los ovarios del mundo, en el territorio colosal de una ficción como la piel, donde el sueño abre canaletas oxidadas, estambres de viento. Ir corriendo detrás del sentido para todo lo que ocurre en la forma, en la manera de anunciar un territorio, en la voz del plexo hacia el sol, hacia las grandes aguas marinas o los portales con sus pasillos y sus malvones. La película donde se muestra como nace su delirio adolescente, en las miradas y en los pliegues de las alfombras y los cortinados, en el llanto, en la luz de los paredones, en las cercas, en los relámpagos del miedo, saber hacerse y poder decirse en una tentativa de actuación, en la insolita canallada del destino, donde ve atravesarse sus voces, sus intenciones, sus sueños.

Saturday, September 12, 2015

Suerte que estabas pronta, tan chocha y dormida en el huerto. Apenas alcanzaban las zanahorias y los rastrillos, la ilusión de una cosecha de palabras donde el sol calentaba los silencios. A veces me cansaba de esperarte, no sabía que decirte e inventaba algo por las dudas. Entonces salía de caza por las noches y te dejaba sola, durmiendo. Sabía de la dulce compañía del fuego, nuestra hija soñaba con praderas, con girasoles y alamedas. Yo apenas te nombraba y me escondía, como con una sortija, me replegaba en el sexo. La tierra estaba caliente de cacería, de sangre de liebres que se comerían como chupin los burgueses, en alguna aldea de Alemania. La vida de guacho me hacía gaucho, estaba pronto a enfermar de soledad por un fuego que no lograba encender. No me animaba a mirarte a los ojos, tenías demasiado viento adentro, como si estuvieras encerrada en una caja de golosinas, te tenía miedo. Por eso me inclinaba a la perra, me dejaba ir por las mañanas en una especie de ensueño y dejaba palpitar mis deseos junto a la lámpara y dejaba que el libro dijera lo suyo, sin poder imaginar, con la mirada a cielo abierto, donde reposa el hornero, donde termina la alambrada, nuestra relación era un cerco con un animal muerto en el centro, teníamos la pasión de las banderas y los países pero dejábamos detrás de los cortinados nuestros anhelos, casi como una sospecha, como una persecución éramos rehenes el uno del otro y a eso le llamábamos amor. El campo nos ligaba a la eternidad, con sus aguadas como acuarelas, con sus juncales, sus amarillos intensos donde no pasa nada mas que amarillo y un celeste de los cielos y un pensar como vacas o caballos, un pensar perdido de paisano mirando el infinito, preguntando al horizonte “¿dónde dejaste la palabra?”.
He practicado la desolación. Caminé por el mundo, extraviado. Buenos aires cambia de rostro según los acontecimientos; es una ciudad que se muestra esquiva, ruidosa, de alma gris y largos inviernos cuando cabe la traición y el desamparo, cuando en sus muros reina la soledad como una agonía, como el invento de un mecanismo para morir, un veneno que gotea. Corrí por viejas autopistas y paradores, por la ruta de los palacios, por los campos nevados y las aldeas y ahora que no estas, solo encuentro una forma de nombrarte entre plazas y arboledas o trenes que atraviesan la noche de tu mirada con el misterio de tu cuerpo, voy de ciudad en ciudad y me llevo lo que sos en la música distante, en tus manos de arena, mientras caigo en el humo de un saxofón, jugando a las cartas con los gitanos, adivinando el tarot de tu llegada a la estación, con el cuerpo lleno de heridas y silencios, justo cuando tocan la música de tu grito en alguna distancia de los caminos de tierra en el campo, del pueblo de Silvia, del gremio de los panaderos en tu pan recién cocinado. A veces me justifico a mi mismo como si fuera una mancha en la pared, me dejo llevar por la soledad y siempre recalo en una habitación pequeña en un departamento de Avignon, llevando mis valijas y mi tristeza. Recuerdo que Utrillo pintaba esos momentos. Yo he soñado con buhardillas y he vivido en ellas, con la precariedad de un inmigrante, con las pocas palabras de una ensalada de palabras, sin poder escribir, sin relacionar la mirada de Anita y mi propia mirada, cuando la encontraba en la calle y la perdía de noche y volvía a encontrarla, años mas tarde en una huella del recuerdo, en la memoria de un encuentro en mi propia memoria, apenas un roce, una sonrisa, unas pocas intenciones, un poco deseo como para ir aguantando, tan lejos el ejercito y las armas, tan lejos las barracas, la vida de soldado, el desayuno caliente y el pan de cada día y atravesar Alemania en una noche, perder el sentido del lenguaje sumergido en otros idiomas, vivir en el límite del vacío, con la mirada siempre puesta en el más allá, una especie de infinito en el lugar del deseo, sin llegar a compartir nunca nada, la eterna nada de nadie en un destello de lluvias y de luces, en hoteles mal pagos Llevar el propio cuerpo como quien lleva un cadáver y la rosa extranjera, el mundo tan ajeno, la mujer como un cortinado o una lámpara que reposa sobre la mesa de luz, abrazando el encuentro a veces, perdiéndome en otros brazos, en un silencio lleno de mutilaciones, de heridas profundas como el tiempo, como la vieja calesita del consuelo, sin sentir más nada, solo empujando el viejo carro de las palabras, arrastrando las palabras como piedras que se arrastran, como viejas hendiduras que duelen en el plexo, un recorrido por el deseo de ser alguien al borde del camino como en las novelas de Kerouac creer que toda la sabiduría consiste en ser autosuficiente, llevar al extremo la supervivencia, vivir apenas como se puede con la inquietud de no poder ya mas.

Thursday, September 10, 2015

De los cuentos infantiles, de las lecciones perezosas, de los sueños que nunca se terminan, color de la niebla y el acero, escudo en el medio del temblor, espada que se derrite al fuego, en el trabajo de la zafra, donde hay mil preguntas de miseria, sobre la espalda de la mujer que junta caña y se entrevera, las manos callosas del desierto, los ojos como arena, la mirada de ceniza en el vasto cielo de los colores azulados; limpios colores de ámbar, secreto gris pardo de los nubarrones, verdes como albúmina, como gotas acartonadas o restos de fideos con salsa de tomate; para la parrilla de los negros carbones que chispean como ojos en la retina de tu encorvado cuerpo, en todos los falsos horizontes que saben a penuria y a llanto por la glosa que miente su infortunio, entre mis palabras que apenas pueden dibujar el circulo de la pobreza, ahora que el tiempo va sacudiendo la dentadura de los aires de cenicienta y mil zapallos, como carrozas, para domesticarse junto a la escoba, blancanieves encerrada en la cocina con la ilusión de un baile, juntando los restos de comida, con la ilusión de un príncipe, un viento favorable para dejar de dormir eternamente en la tristeza, un traje de princesa y un zapato, las ganas de estar del otro lado del mundo tomando sol, en el agujero donde hierve la bragueta del rey por millones, por corazones perdidos en la noche junto al camino del vino, cuando el mundo es pura sombra de heridas de infancia y viejas cartas familiares, que se leen en los rincones del llanto con el recuerdo de otros paisajes, de otras montañas y cuevas dibujadas y mareas asesinas, con naufragios inexplicables, con el terror del tiempo que atraviesa galopando la memoria de una pampa con alcauciles, con dedos de paja, con murmullos de cigarras y grandes arboledas y tazas de café y mucha espuma y migas de pan en el mantel cuando comen los abuelos y los nietos y ya no hay pájaros, solo mujeres encinta, esperando la navidad, en esas cartas de papel amarillo; cartas que saben a yerba mate y que despejan la acidez estomacal de la pena en una nueva situación de luna llena.
Este puente que arrima las distancias, esta mirada que atraviesa los silencios con voces de molinos, en las manos del mundo, de las comisuras de los labios, y el deseo de un cielo inmenso, de los cuerpos atravesados por la tormenta, del amor hecho agua y harina y pan. De la música y el relámpago por todas las cabalgatas de la infancia, por una casa sin nombre en el medio de la pampa, por el olor del barniz, por el barco a vela que agita las aguas de la memoria, porque sé quién sos cuando ya no estas, en el doblez de la ausencia, tu presencia junto al camino, junto al pueblo, por toda la sed de tu signo libertario, por lo que me toco aprender a tu lado, por las escaleras de tu nombre, por el misterio de tu risa, por los pasos en la niebla tocando paraísos e infiernos, trocándome en huella, en escritura de arena, en palabras de corazón, palabras festivas y de duelo, tiempo de la música de la sangre, sombra del amanecer, futura raíz de tu plegaria como un limonero que estalla en limones, como una vasija de cerámica donde reposa el vino o el licor de todas tus heridas, lo que se anuncia con la llegada del tren de otros mundos, atravesando idiomas y paisajes, ciudades y aldeas con un sin número de pasos en las sombras donde estuve esperándote y no llegaste, donde te hiciste invisible en mi anhelo por abrazarte a través de los países, de las autopistas, de los campos de lavanda y los Alpes y el Mediterráneo, en qué sueño de trigales y girasoles apareciste, mientras te nombro con el nombre de todos los espejos, con las mañanas nubladas de Buenos aires, te nombro en mis calles desarraigadas y solas, en mis calles habitadas te nombro, en mis calles tristes y en mis calles alegres, en mis escaleras al sol, en mi canción de invierno por el país de nunca acabar, por el país doméstico y familiar, por el país que todo me lo da y todo me lo arrebata , por un país que no entiendo y que sin embargo cuelga de un cielo brillante y luminoso, como puede ser luminoso el mundo o como puede ser de oscuro y sin amor. Vuelan pájaros llenos de misterio y de melodías. Hay uvas en el desierto para alimentar a las sombras que agonizan. Hay esclavos que luchan por nacer. Hay marionetas y animales silvestres y hay muñecos que saben a muerte. Lo mucho que saben los gatos porque se saben en el precipicio de tu dolor, lo mucho que saben de tu dolor por esos nombres desordenados que llevan las cosas, en tu propio nombre desordenado. Lo que deja al sesgo la luz, como una aparición donde cuelga tu sonrisa de una hamaca, con una canasta llena de pan, tu sonrisa.

Wednesday, September 02, 2015

Mi hermano. Sobre la llave oscura el estandarte de la tarde a la hora de la siesta. Sueña con el analista, con el sol de medianoche, sueña que pela la pelea de patatas al viento, como cachiporra o gallo que avista su vista en los ovarios. Sueña su corola de espejos, de semen como nubes atiborradas de pelo, para lo infinito de las montañas con sabor a borravino, de los secretos anónimos silenciados, parís de todas las sombras en el césped, huevo pasado por agua de la rosa amarilla como la espátula o el espantapájaros esdrújulo para variar de gramática, los muertos en el dia del cumpleaños, los rosedales en bicicleta, rondando la ronda de la vida por eternas autopistas de nunca acabar, mi hermano se ata la cabeza al mundo en un parador hace ravioles se ata a la memoria de su duelo, de su mujer embarazada, de su único hijo en primavera, con la panza de mil esperas, con un ombligo desesperado como una garganta dispersa, como un embrión que duda al darle por nacimiento una naranja, un limonero de pechos de luna para la dentición precoz de todos los silencios, mi hermano arrebatado al fuego de la protesta, en la clásica ternura del delirio, metido en la botella de la locura por un camino de palacios y de ríos, por un viaje de nunca acabar, la bicicleta colgada del recuerdo de papá, la montura, la yegua, la noche , la pradera y un canto apretado en los silencios, en las galerías invisibles de los nombres, de la memoria incesante de los tiempos recobrados, del otro en el que se mira y se recuerda por un puñado de sal todas las playas, todos los mares, las manos de la marea viviente como la espina de una rosa o el clavel de la historia en tu rostro, mujer de nieve, presencia inmortal de la imagen de los heliotropos en tu imagen, la música que recorre tu recuerdo, todos los amaneceres juntos en la alegría de tu mirada, en este momento donde las palabras, llenas de girasol, embarazadas de un hijo que habla, se truecan en mundo, en vivencia de espuma marina, de todas tus presencias fugitivas, laborando por un sol, por un concierto de luciérnagas, por una infancia de pinceles y olor a trementina.

Monday, August 31, 2015

Por la dulce compañía de los angeles. Por las noches suntuosas. Por el camino que atraviesa el parque de los sueños. Por tu nombre. Por la réplica de tu mirada, siempre alcanzando la mañana florecida del lenguaje, siempre batallando con la lluvia y el arco iris, por un renacimiento que lleva el código de la sangre y la leche del pecho del delirio, como canto nocturno junto al fuego pariendo la piedra del ojo, el cóndor atravesado por la piedra de su embarazo, cuando siente una murmuración que viene del útero, cuando viene a nacer justo detrás de las sombras, como algo ridículo, como una pestaña mojada en palabras para ser mamá de tantos tiempos, con los zapatos de hule gastados por la temperatura, de la piedra que grita mientras sale de su cuerpo como un orangután vencido, la boca llena de rabia , morir sin darse cuenta y estar a merced de los médicos con las piernas abiertas en la ceremonia de las sábanas y los algodones como quien quiere llorar y no puede, atravesado su cuerpo por el deseo de la palabra, sangrando por decir algo, una ocurrencia de tijeras y gasas y camisones, con los pies frios espera que llegue la noche calma en el jardín del fondo donde el doctor sacude a la rosa, al niño recién nacido como un pan, de la cabeza mojada en aceite, con el olor del estiércol de las cabras, un perfume que viene de los corrales y los rincones de los techos de chapa, de los ranchos de adobe, de todas las manos como soles. Sentir la membrana pegajosa del delirio y no poder y quedar a mitad de camino, en eso de ver la parte del desierto mientras da a luz y regresa al temblor de su locura, en el sitio de los relojes donde resuenan los muñecos, la caída en el desasosiego, puja el fruto de sus costillas, se devanea en estertores profundos, como barcos encallados, también los silencios de asombro, dentro de la crisis como una pantalla que abre al corazón y muerde al hijo y lo amamanta para la pena de leche de los escombros de la palabra , para invadir el fuego de la serpentina de sus ojos, mirando el libro, apagando la vela con una caricia profunda como un lamento y se va muriendo.

Saturday, August 29, 2015

Mi casa esta llena de luz y crecen en mi refugio plantas exóticas, verdes de melancolía. Pero el recuerdo me acerca a la ventana, cierro las puertas que dan al tejido de las calles, cierro todas las válvulas de escape y abro el amor como un paraguas o una vaca lechera para hacer sentir la temperatura del cuerpo, tan musical como la quena que suena en esta montaña de la memoria de su beso en el aire florecido, de la memoria de su mirada perfecta, de su deseo marítimo encallado como un buque en el puerto de su nombre. Cuando la evoco ya no soy yo el que escribe sino ella, jugando a los dados de las palabras, a veces con tristeza, pintando las paredes del living, derramando con los dedos la pintura del pasado en esa cama desplegada donde nacen las sombras y todas las mareas, con sus anillos circulares y sus preguntas y su sonrisa que siempre trae aires nuevos. Yo se que ella está de mi lado, lavando la ropa de los secretos, reviviendo el dolor de las campanas en todo lo que hierve junto a la campiña española o su delantal blanco, un poco como si fuera doctora otro poco como si fuera maestra, acaso en un temblor que siento como propio, mi vida se amplía, en mi eje siento que estoy de verdad batiéndome con todas las literaturas por eso de haber andado tanto tiempo jugando a las escondidas, con otros chicos del silencio, en otras aventuras de la tristeza y el colmo de los paredones y los palomares. Fiel al pensamiento no quiero soltar la idea de pensarte, de imaginarte, de actuarte tal como te veo en todos los horizontes del gesto y la palabra.
Todo sobre la fase lunar. Ella estaba desnuda en un mar de mertiolate, ella se agitaba como el viento, como el tiempo, como una renuncia de ser en la almohada ajena, en el capricho español sobre el edredón de pana. Ella almibarada. Ella alicaída por la fuerza de la palabra, jineteando el tedio frente a la ventana de su dormitorio, comiendo un yogurt que sabe a manzanilla, por los acoples, por su estatura, siempre recorriendo el mundo como si se tratara de una manzana, la luz llena de labios, los muñecos a la intemperie, un embarazo de tiernas madrugadas y fuegos en los ojos azules, en la canción de cuna en la que desespera como si fuera una maniobra de anillos o sainetes, en el pelo vertical donde se van apagando los sueldos y las escaleras con los miembros amputados, la noble verdad de haber nacido para que mientan las estrellas, para la verborrea que se repliega en un fruto o en una hinchazón, las lágrimas que dejan descansar una mosca en la mermelada, jugando con los matices para ser el rescatado de la aurora, en el templo mezquino del odio, todo es naufragio menos la arpillera que cubre el manto de los niños, la bestia que se deshace como se deshacen los mundos, a pura temperatura y lluvias y ciclones, como se suele llamar lo podrido que se va resolviendo en semilla de loto, en el medio del pantano, las vísceras, el sol, las manos apuñaladas, el pobre enano que se conmueve con el caballo blanco rocía las puntas del pespunte de la palabra de papel que es como tu mirada , como tu sonrisa llena de sándalo, los pies desnudos, la porcelana, el terciopelo, la túnica que estalla en rojos y amarillos, siempre que llegas del lado de la dicha es como si estuvieras buscando algodones en las heridas, en la vieja zafra donde vas trabajando hasta que quema la miseria, los verdaderos trujamanes, todos los titiriteros alineados para hacer morir los muñecos sobre las olas asesinas, si tuvieras al borde del parnaso el dulce jazmín de los sueños a la luz de una vela yo te daría el aire de mis pulmones como quien da la vida en el plexo de la luz solar, en los dedos musicales, la raíz originaria de esta tierra bendita en las manos que arrancan el nombre de la muralla, en la edad de la vejez que se va llevando como un socavón, con los dos bastones para irse muriendo por las veredas, con la piel como un mapa lleno de montañas y llanuras con cielos grises de vejez, con olor a tabaco, con nubes que se parecen al pergamino, con botellas llenas de anís o corazones de viejos ombligos de nieve, ombligos apretados, que suelen balbucear el nombre de la placenta, la cabellera anochecida por todas las banderas desplegadas y un nudo y un muro como la palabra realidad de tenazas o martillos para golpear las paredes de tu grito en ese árbol que renace cada día como el último árbol de la madrugada.

Thursday, August 16, 2012

Cada mañana se va haciendo con pequeños pasos o torceduras en la escala del fagot, si te importa el cielo donde abundan las flautas de la invención pero si descubres un perro en el rincón de la melodía es como decirle a la locura que navegue o corra por otros pasadizos de palabras en el juego de ajedrez y serán las torres emblematicas la corazonada de los diarios toda la brujería de los acontecimientos para alcanzar el llano donde la vista se pierde sin estar colonizada en una incertidumbre de abejorros y caballos barcinos porque te devuelve el tiempo la miseria de correr contra todas las polleras y todos los atajos tomando del agua de la escritura en tu eterna melodía silenciosa. Escribo por la anatomía de los anocheceres por los huesos de cada mañana por la sopa agradecida y el zapallo y la verdura escribo entre renglones y regletas ubicando el misterioso universo de las palabras en los zapatos de taco alto donde se confunden las tuberías del amor con todos los espacios de la nada por si quisieras caminar flautines agudos noches de sombra como extraños cangrejos bipolares haciéndote cargo de un diagnostico de maizales y de hambre que se va encerrando en las corcheas como si fueras un espejo o un perfume donde va quedando el siglo traspasado, viviente, en ayunas, por las mañanas de redención del sonido que acostumbras, en maderas insólitas, porque viene una armadura y te quiero con mis ojos vencidos por el fa sostenido de mis sueños.

Tuesday, July 24, 2012

El útero es un paisaje solar que se lleva toda la vida, es una estrella de agua marina que envuelve al niño que soy sobre tu mirada de madre. Es que estoy adentro tuyo palpitando mis océanos y en cada noche floreciente con aromas sutiles me dejo temblar de placer por un cuerpo que me posee. Madre: déjame dormir en tu pecho, aliméntame de locura y no de encierro, dame tu primera palabra con un flautín o una armónica déjame descubrir la música que hay en tu mirada cuídame de los golpes, por favor, cuídame de los muertos madre que eres el horizonte que todo lo abarca Yo no se nada de partos ni de sangre, madre yo tengo tibias las manos y duermo en tu regazo con una canción de cuna que nunca olvidaré siento mi recogimiento de niño en torno a mi nacimiento y a veces entre llantos el milagro de tus caricias como el mar apacible caricias como olas ondulantes como huevos de avestruz como guitarras o mandolinas Tengo un complejo de Edipo tardío escribo sobre un útero que me envuelve con la mirada de un pintor de paisajes sobre un pecho lleno de leche para dar los primeros pasos de niño antes de tu muerte y me descubro mayor, ambivalente, lleno a veces de pereza con mucho sol en la garganta con mucha sed de paraísos para caminar en las baldosas de mi barrio las calles luminosas, los edificios como fantasmas de una comedia Y me dejo ir por la caminata observando a través de las ventanillas del colectivo como sopla la vida en la gente de la ciudad y en las enramadas del invierno voy descubriendo los fríos mas intensos y me refugio en tus mantas en tu cama de mujer y de madre con ese camisón blanco con esas piernas largas y flacas con esas manos como lunas con esos párpados cerrados que son como los párpados de un ángel.

Saturday, May 19, 2012

Para comenzar hay que demarcar un círculo sobre la sombra siniestra y dejarse estar mientras acontece en los labios el rubor del miedo sobre la calavera. Los párpados inquietos dejan la mirada sobre el vértice y en cientos de mágicas acechanzas se ven partir las palomas blancas desde los mármoles fríos, en los cementerios de mi infancia. Cómo subir esos escalones del tiempo sin prestar atención a la mordedura blanda de las ciudades, a los campos abiertos en sus venas, desplegados en sus sienes, como cuerpos divinos, atorados; que se sacuden al alba sobre la realidad del surco y es un gimoteo de gaviotas y una tierra desenterrada, es como el olvido detrás de los trigales en el centro de la sonrisa donde se atasca el miedo junto al aburrimiento. Yo puedo decirte tantas cosas. Vos podes escuchar tantas ocurrencias que saben a nido que saben a empolladura. Escribo para imaginar estos ataúdes. Me siento cómplice con la muerte. Su palidez no me desconcierta, al contrario, de su realidad tomo nuevas energías. Hay heridas secas en mi cuerpo. Mi cuerpo de agua, mi cuerpo de peces rojos. En la noche abunda el misterio de las soledades. Dentro de los cajones las voces ocultas y derramadas como el vinagre. Hay dos huevos fritos en el plato, hay sal y manos que alcanzan con sus cubiertos el juego del absurdo. En sus raíces estas embarazada con un bebé mordaza, un bebé que nace del llanto; de la probeta de bebé, alcanzado en su probeta y dinamitado como especie en una cama y un colchón lleno de corazas. Y todo esta tan mullido en un después y es tanto mas generosa la vida como este misterio, estos nervios opresivos que se transforman en calma y es que estoy aquí y sostengo con mis manos el biberón de todas las noches imposibles.

Friday, May 18, 2012

La niebla rasga los objetos con su corazón de ceniza y hay en los tormentos un dolor, una agonía de zapatos viejos, una penumbra de inquietudes y tristezas como tantas banalidades o palabras confusas, multicolores, dichas para exasperar a la especie de los caracoles y su nacarada realidad marina sobre la ola que atestigua de otras verdades, la tumba forjada sobre sus cabellos, el reloj de arena de todos sus inventos y sueños. No hay cosmovisiones circulares; solo hay un embarazo inútil que se palpa entre las ingles con la persistencia dura de un naranjo, la belleza caduca de una flor y la espera tortuosa de una sonrisa que nunca llega a tiempo, como si la niebla rasgara una hoja de papel socavada con el sexo; mirando al centro de otras pinturas reales; manchones negros y rojos sobre arboledas consumidas; esqueletos que hacen daño sobre el mármol frío y sin vestigios, los bordes de porcelana que se atascan sobre la tetera de la infancia con tantas canciones sublimadas. Y todo estalla y estamos en una madrugada delirante, con el corazón puesto en el movimiento imaginario, donde la pereza va abriendo dulces fantasías y redobles de gargantas estrechas y caricias como paseos lejanos o metáforas que te circundan en las llamas abiertas del dolor, cuando te apagas libremente como una lámpara de cristal, para nombrar tu falta de luz y desasosiego, planta la ola una maravillosa realidad de ensueño con transeúntes como siluetas o personajes de cartón piedra para armar el abalorio de los papeles y los cantos; llaga de los murmullos, pretensión de una tierra sin formato que se visita con los pies descalzos.

Thursday, May 17, 2012

Y esta tarde que se desliza como un pez en el agua, que se abre como una rosa callada y pálida, con la fuerza de un señorío o siempre rompiendo los rituales de origen, la guerra de los pimientos, los mil y un enseres para caminar bajo el sol de verano, el dulce canibalismo de las palabras entretejidas; las palabras de arroz que se quedan como heridas en la superficie del lago donde va a posarse un mosquito de significados comunes como platos de porcelana o lentejuelas de maravillosas costumbres árabes en las mazmorras insufladas de las palabras inventadas como coños de ternuras indirectas y los repliegues de la apariencia siempre torcida de tu mutismo y tu raíz que emerge de las aguas celestes y lunares, donde hay sexo para contar cuentos de piernas desplegadas como alfombras o pechos musicales como estandartes o penachos rojos de territorios amigos, de dulcineas confrontadas con la realidad que titubea; la realidad más prolija y húmeda como los quesos que se estacionan patas para arriba, así les entra el aire y los cuece por dentro en sus durezas, así son las mordeduras del santo que prueba el escalope de la mirada vecina con el sabor del riesgo recién tomado en consideración siendo que las hazañas ya han comenzado a dar sus resultados en el cuarto de los trastos viejos, entre las camas desarmadas y los sillones donde abunda el calor y el aire respirable de tus comisuras y tus antojos hace a la belleza congregada de todos los mugidos celestiales y femeninos. Somos inexistentes a la hora del acto. Como mudos conciudadanos que nos replegamos ante el incesto o el horror de la virgen vislumbrada. No me hace gracia la variedad de nietos que pueden nacer de toda esta tortilla diminuta. Mis órganos se deleitan con la pleura de un dramático sueño de esponjas. Y en las inmediaciones de un territorio vacío despliego mi posibilidad hasta hartarme; mis venas van corrigiendo los errores cometidos por una razón que se da al hastío como a las corazonadas mas tristes. Dentro de la penumbra gris hay un labio gigantesco que ocupa los márgenes del sol. Adoro los movimientos de orbe de semejante órgano y me desnudo y camino por la habitación resentido y atribulado por los atemperados y diminutos fulgores que despide. Me siento a pensar en mi país y solo descubro un desgarrón inquieto, como una mordedura incendiaria que no le otorga a mis versos ningún significado. Entonces la realidad viviente opera por el lado de mis fantasías interiores, en mis invenciones y descubrimientos. Allí la voz que se agita señala el rumbo de los parques y los lagos; los caminos alternativos de la poesía donde quedan atrapados los mundos y las canciones. Cuando los cometas limpien la voz que articula el universo en un jirón de nardos y las manos congregadas respiren afines a los templos y a los cortinados, se hará la verdadera confluencia entre la realidad y la belleza secreta de tus calles y tus leprosarios
Déjate llevar. El corazón templa cada momento de tristeza. Dividimos los pasos en series. Aguantamos la tarde recuperando el aliento, rellenando con palabras vacías las voces acopladas del miedo, en un rincón donde se alza la melancolía como una bruta intemperie de pájaros hambrientos. De mas está decir que te llevo a un lado del cuerpo, como un jinete que deja escapar la osamenta del vértigo, en el azar de las cosas dichas, la oportunidad de reconocerse en un sueño; como si golpearan los caballos con sus cascos el sonido de la muerte que se acerca, la última piedad, quitando el mundo a tirabuzón como quien barre la pintura contemporánea y ensambla un juego de significados aparentes, escritos en el cuerpo con una pluma llena de sangre. Tras las persianas amanece y la luz deja que el mundo se vaya replegando sobre los dedos mientras escribo, en este silencio de palomas heridas. Es como si las tinieblas acecharan la voz inquieta de los cañaverales para dibujar el mapa del artista que se reconoce en cada sílaba. Mejor poner un dedo en la sutil componenda luminosa del día que se acerca y gritar con una voz simple el arrullo de otras mañanas, arrullo protegido por los abrazos y los besos de una compañía viva como el brillo de un diamante o la inflorescencia tardía de un malvón. Esto que se parece al hambre, esta soledad, esta inquietud, esta zozobra y relampagueo deja los platillos vacíos, hiela todo momento de inspiración, se lleva lo que queda, el resto de las mañanas atoradas en el retrete. Es cuestión de ritmo, de falta de melodía en la vida, cuando algo se quiebra y hay un perfume amarillo que sabe a lejía, un adorno de los olores de la mierda como vencido o atrapado en un cubil lleno de serpentinas. Mientras otros se divierten de falsas diversiones yo me acomodo y busco en el confort la ciega muralla de la palabra escrita que me lleva hacia el cuerpo derramado. ES hora de terminar. El imaginario sobrevuela la nada con sus arenas y sus pájaros. El arma robusta de la escritura señala cada silencio para quedarse con la bandera elegida al azar. Una maraña de pezones rojos , un pecho de verbena se queda boquiabierto en el mismo templo de los santos desnudos donde hablo de una eternidad sin consuelo que sería fruto del karma mas noble, algo así como la presencia socavada del espíritu en el cosmos y sería la nada , el misterio del tiempo y del espacio.

Thursday, September 24, 2009

Sentir el engarce de Sandra sobre mi cuerpo, su terca comunión de omoplatos y espalda en la sopa sexuada de su deseo, cuando juntos aprendemos en el silencio la conmoción del bulbo, las ratas que navegan palmeras arriba por la sed de las distancias y un acabar sin penas, un dejarse ir como regadío o firulete de lana en los escombros partidos del cuerpo. Sandra tiene entre las manos una llave llena de flores, un soneto musical ya ardiente, los flecos de una alambrada tan vieja y carcelaria como su honda personalidad que rebuzna bajo la noche inquieta de las palabras atroces como alfajores envueltos en azúcar o miríadas de pájaros que inauguran con su vuelo el amanecer. Y yo en desuso a su lado, peinado a la gomina, con las tijeras del viento tan prontas, desmantelando agonías, que se interpretan como tedios oscuros y amenazadores, tan desgarradores como grises tumbas o sementales muertos en su propia orina, clasificados los rumbos, el pie erecto, la noche difamada , el arco superciliar del verbo en las túnicas rasgadas, mucho, para no decir nada; apenas corcovear cerca del horizonte, tras las murallas, comiendo pizza para conocer la nobleza del sepulturero en el contorno de la cama , luego de dejar las vísceras y la mirada que cae en la alfombra sobre el vacío, la mengua del pastor, otra forma de perderse en el vicio rosa del encuentro cuando sus manos plegadas atizan el chispazo , le herrumbre rancia del agua de aljibe y todo se lleva a los márgenes de una escritura sobre almohadas. Ella propone la cita a pie de página yo propongo los hongos, la mordedura y a través de un destino de caballos que galopan pradera arriba con el olor del centeno me dejo ir tras los masajes, sintiendo en la espalda la brisa interior de los campos perfumados, la rota algarabía de una impotencia cercana al fracaso. Asi llueve sobre mis rutas y en los corazones afiebrados de pasión se desarman los ciclos y las oportunas acechanzas del miedo como si todos tuviéramos razón al mirar la muerte con los ojos cerrados, al ver la belleza de los mares profundos , la superficie eterna de las olas y el olor de la albahaca cuando sus dedos se aprestan a sugerir un plato de pastas, un sol como un huevo inflamado en la sartén, lloviendo en el aceite de la prisa, bajo la lluvia de un día domingo donde todo cae en subversión menos su frente que te delata , su frente que acompaña su mirada como un campo lleno de nieve y hay sueños y estoy parado frente a un espejo y veo solo el murmullo del tiempo que se refleja sobre los bandos del agua.


Mañana de un día de junio. Ser es desplegarse , irrumpir en la ceniza, en la cadencia del agua del arroyo, con sus maderos vencidos o sus tinajas, donde hay caciques y mujeres encinta para castigar con sus óvulos el sol, una manera de atarse a las cosas, de transformarse, ser olmo con florecillas amarillas, ser trébol junto al aroma de su néctar, estar en la apertura del mundo, fuera de la línea, dentro de un reflejo especular que asombra al gigante de los pasos de oro. Ser parte del territorio de la nada , una parte vacía que intuye la vida y la palpita con el corazón blando, con la garganta llena de cantares, como un pájaro. Así la noble cofradía inventa las buenas nuevas de los oportunos latigazos de la palabra para esconderse en los suburbios y leer de los libros prohibidos, mas allá de todas las revoluciones y las luchas campesinas, llevar el sueño de un atasco , de una hendidura para permanecer en la herida abierta del genio con la comida preparada , los ñoquis amasados y las estufas encendidas. Porque estamos en un día de invierno, un día tan dulce como la grosella, con unos cielos candentes, unas nubes hermosas, llenas de fanfarria como mascarones de proa.
El delgado hilo que une esta experiencia con el pasado habla del arte de una bicicletería , una manera de maniobrar la vela de la pequeña embarcación de la vida que a veces se somete a la angustia de los pasos fallidos para dar un brinco y torcer el rumbo hacia ríos espléndidos.


El amor inquieto que busca detrás de los cortinados su placer de origen, golpeando las puertas para salir a las cornisas, para estancarse en un muro, como la hierba, gangrena del agua, túmulo seco de todo suicidio. El amor que palpita en los rubios cabellos de la bengala donde se aturde el desierto con sus notas maquiavélicas , su ostracismo que a nadie aventaja, para ser territorio de la locuacidad y vencer en el páramo a los ejercitos de la nada. La firme voluntad de querer por sobre los abismos de la vida, replegándose en las luchas inciertas, dando la batalla para atemperar el corazón y ablandarlo; hacerlo suave como un paisaje de montañas nevadas, colocarlo en una hornacina junto a las castañas quemadas, al sabor de las nueces su columpio de paladares rebeldes, su sangre achicada en las riñas de gallos , en el muladar vacío de su esperanza que se agrieta y hecha viñas, rosedales , vertientes de uva blanca y silenciosa, uva madura de la tierra sonsacada para el abrazo de los sueños y la multitud de sentimientos agolpados en el silencio, venciendo como una fragata la redondez de la tierra, la marca de los relojes, su retorno al absoluto de noches estrelladas, de universos en llama y caballos desbocados para apaciguar la mente junto a tu mirada y estar en el centro de la circunferencia al menos por un instante, ser la totalidad que te integra en un cuenco de plenitud sin arrogancias, en una palabra tejida a mano entre cien guerras, como son las palabras liberadas , las terciadas palabras del origen en los tubos blandos del amanecer.




Pierdo la ceguera, las tinieblas del amor, el encuentro súbito con la sombra, una manera de andar tentando el sol, la circunferencia dionisiaca, los nombres y pliegues de una cosmovisión para entrar en el agua de los parques y subvertir al cisne y emplumarse de blanco en un beso para ser maniatado, corrompido por el jabón de la mente a todas las desdichas y los puentes de un abrazo y un llanto como un grito que atraviesa las paredes, los dibujos del ayer, dibujos preñados de leche tóxica, de quesos deliciosos y suaves para untar en los fogones donde se asa el cordero, se lo llena de betunes , se lo almuerza en digestivas siestas soleadas para mejor entender la música del acordeón y la respiración pacífica y dejar de lado toda violencia y sellar el mundo con las diásporas del muro, los falsos entendimientos de la flor apagando los secuestros, las noticias vencidas , la radio con sus progroms y toda una comarca, una comunidad que vierte el género de sus banderas en las ollas populares, al humo de las lentejas para hacerse acabar en las clases por una situación indigna de locura premeditada, donde suena la traición y la gomina , el espacio exquisito de otras mesas selladas en el lujo de la diferencia, devorando inquietudes de piedras preciosas contra zapatos rotos, que no puedo. Y el delirio del mal comer y las malas palabras puestas en sus justos lugares, la razón de ser de una amenaza y mucho desprecio hirviendo en las miradas y el hambre colgando junto a los cuadros , las luces de una agonía de ravioles secos en la contemplación efímera del vino y todo y nada para estar mudo o vencido en un manicomio que inventaron los dioses sobre la ciudad donde se levantan los caireles y las lámparas para los suplicios y navegar y hacerse onda y perderse en el sabor de un tallarín.



Bajo la ducha presiento un mundo de aves marinas, de rocas y andamios, de pinturas blancas y de rostros oscuros como la niebla. Me dejo llevar por la sensación del agua y la piel amarga se vuelve tersa y hay un eco de voces y un suspiro aquietado que da junto a la marea su estallido, su oportunidad de salir por el agujero de la novia donde se clava el recodo siniestro como una mandíbula o el torso nocturno del aire, las escolopendras del vacío. Y sigo bañándome en un mar de jabones, en una estampida de sueños que brotan como el estiércol para apantallar el rumbo de mi decir en una inquieta prosa que se desviste con la melodía sinuosa, con la querencia agotada de un trasluz por la ventana desnuda de mi cuerpo, el vértice de mi mirada , andando en otros caballos flacos va el sexo atribulado y mal dormido jugando a los ratones de la especie , matando canguros al alba con pistoletes de goma para viajar por otro mundos la nevada incierta del horizonte, el dulzor de una camisa agotada , la ranura en que se queja la dulce pena de la quena y todas tus cosas atadas con alambre al recuerdo vencido, como si fueran viejas fotografías, una cometa de risas estridentes, como una enfermedad que te ataca el estómago te envuelve el ridículo, la burla ajena por un momento de gracia usando taparrabos.


Un golpe de silencio en la soledad estrellada, cuando el obturador de la máquina se cierra y los espejos reflejan la mirada que hay en todas las cosas y una voz y un látigo para ser palabra en el cuerpo, para ser abdomen oscuro, vertiente del sol en el plexo cuando la dicha esta presente en el pesebre anarquista, que despide ángeles y estornudos , como vacas de madera y árboles navideños en tiempos de andar con los pies descalzos sobre la tarima y porque no el gusto de la hierba y la luna iluminando el recodo donde se viste la gasa de seda , la vela imprime su lluvia de llamas abiertas , su sonido cadencioso y todo es clamor de voces y gritos emocionales junto a las bandurrias del sentimiento, ahora que viene la inspección , en este discurso intercalado de sentidos , pelando la naranja del automatismo surge el riñón virgen de una silaba profunda como las venas y es América latina y es tierra que se deja balancear y poseer por los genitales de dios en la pobreza de sus yuyos, en el rastrillo inconmensurable de sus campesinos y sus remolachas para cazar golondrinos, saber del perfume seco de los yeguarizos, el ritmo acanalado de una mala andadura para inventar el oficio, reinventando el sentido, tratándose de un sentimiento, dejar que aflore libremente la letra, el conjunto de frases imaginarias, con su sintaxis perforada , su delirio pluscuamperfecto en los andariveles de la cita, gatillando los predicados de toda gramática que entorpece y se entromete delicadamente con los pies en el agua de la piscina sobre la sangre oscura derramada.


La palabra violenta ante el desamparo o la incertidumbre de la voz plural, la queja vacía que se articula como un relámpago, la gratitud que se avecina entre sombrías esperanzas y el abandono, la falta de trabajo como reprimenda, el no saber hacer, el estar aparte como quien se desprende del desprecio para atesorar un mundo. Y la inquietud de perecer en la sombra. Descansar en los abismos como si se tratara de una planicie ir detrás de los caminos más hondos en la áspera psiquiatría de los claustros y los enojos . Sublimar la esperanza, ver el mundo trastornado del pie de los iguales a los cementerios, el territorio gentil de las semblanzas. Y la hora oportuna. Y encallar en los silencios. Continuar la vida en el regocijo de una belleza que se intuye en las cuerdas de una guitarra para amansar los cielos profundos , para domesticar el alba en la cubetera amorfa del congelador, donde perdiste el nombre y el apellido y fuiste parte de otra música , de otra rutina o archipiélago. La serenidad se transmuta en un clarear de los orígenes donde reina la muerte, la agonía de los pechos y los úteros que sangran y el juego de llaves de la embestida que no funciona y las tratativas para ser perfecto y quedarse en el camino como una sinuosidad que atraviesa el murmullo . Si la mente fuera un atascadero. Si en todos los castillos resonara tu nombre de hierba para usufructuar la plenitud de la luna en un sentimiento ambivalente que devora el hielo del esperma , la luz de los cuerpos amatorios , la redundancia de todos los quehaceres por un supuesto latifundio de nombres y proezas donde se encaja el maíz y la cerbatana , el yegüarizo mestizo y la noche contemplada desde lejos con sus abismadas estrellas, como un secreto, como una voz que sondea la tierra desde sus anchuras. Y será ley y escritura y por dentro de la palabra se sacudirá de los silencios , quedará estampado como en una foto en esta vida que lo repliega y los deja inerte en la cama perforando los bulbos, los geranios que crecen alrededor de su almohada , su jardín de cuestiones exactas para no pensar, simplemente para dirigir y llevarse el tiempo a otros dominios de santa rita a tu rostro virgen la honda cadencia de una belleza que se lleva como un absurdo, que no se quiere mostrar, que casí se percibe como una imperfección o una ofensa.


Estoy harto de tanto límite impuesto por la ideología. Quiero abrirme al mundo, contemplar como cae la tarde, como caen los pájaros, como viene la guerra y sus definiciones y la canción de invierno y sus decapitaciones. Estoy harto de ver el gris de los muros del despido, harto de ver la misma sempiterna naranja volcándose de lado en el marxismo de las cosas indescifrables, la clase que me altera y el producto de mis temores o sospechas para aguantar el caudal de una miseria.
Estoy harto de este jugo de embarazos tardíos que aparecen como emergencia en el corte de unas tijeras, me duele la voz del aborto, el dinero del mundo en la garganta del niño, por decir algo estruendoso, escandaloso y mirar hacia otro lado y ver la misma naranja caer con boca de melocotón sin dormir a la hora que pasan las grullas vencidas por la calle de los libreros, una madrugada antojadiza para despertar en el libro rojo y volcarse de lado entendiendo los adjetivos de la tierra. Y dejar caer y ser caída en un latido sincero y no poder quedar bien con nadie salvo con uno, para traicionarse en el momento subsiguiente, siendo que el devenir es una alforja voluminosa que se lleva, atorada siempre, entre paréntesis , al mundo de los desiertos.


Roja revolución, los obreros dejan sus huellas de sangre en las paredes y la voz del invierno se continúa en los pasillos, mas alla de la pobreza, en una esquiva confluencia de palmeras.
Revolución que lleva a las heridas de agosto , los últimos vestigios de la primavera quitando el tiempo de las vértebras y las bolsas escanciadas y los golondrinos a altas temperaturas.
En tu desordenada imaginería me columpio como un niño frágil que lleva tras de sí la casa natal, la valija con los enseres y los libros, la creencia en una clase, en una manera de atar los mundos, mas escabiados los orígenes de serpentina, la gloria de no tener que arrepentirse, sin hacer daño, la confiscación de los bienes y una lógica que muestra al mundo en sus enfrentamientos, en su oscura ignorancia por un pedazo de pan , por una diferencia toda una vida y consentir el rumbo y apagarse en la fe y dejar que el tiempo decida sobre las huestes pobladas del ocaso rojo.


La cavidad sonora de la rosa, miembro ágil de los espejos en la aventura desdichada del odio, cuando no se puede y se atasca como un barómetro o una risa de porcelana, el jadeo tenue de los sexos, la algarabía corta de los colectivos y el humo y el estupor que franquea a cada transeúnte por ese pasadizo de la contradicción a la hora de la queja y los estatutos para donar cadáveres y salir por la puerta de emergencia fogueado por los incendios voraces, el templo inútil de tu risa menoscabada, ordinaria como la tos para reciclar el verano a la intemperie, avasallando pareceres como si se tratara de un exámen de conciencia o una blasfemia loca, desguasada en abril de todas las oportunidades exquisitas , la estructura diáfana de los quesos musicales, el olor de las alpargatas en el inútil calor de septiembre; que me decía del horizonte, de la confrontación y el despliegue titubeante de discursos , de la ola conspicua que alcanza la vastedad de los saberes en una horda imaginaria, en un redoble de tambores o mamboretaes. Que de la guerra y el cancionero español, la adarga y el escudo de familia para entre llevar los telares al prójimo y perder en la ganancia, en la vorágine del sol a la hora de las tucuras y los episodios televisivos según cuentan los novelistas para pasar del ridículo a las cosas serias del abdomen y las piernas flacas y el tabaco, la saciedad de un salto en el aire, de una nota de trompetas, el arte para todos sin fagocitarlo devorándolo en una dulce masticación de hembra, verter el polvo de tu sonrisa en otros labios, como si estuvieras gastada en otro sexo conmemorando los colores y el sentido inerte del azul y la mirada exquisita en los contrastes y las armonías tan dulces y plenas como hay casillas aventuradas en las formas del caos , como hay enojos y simpatías ocultas cuando abrazo tu dentadura detrás de los espejos, medio sonámbula, medio inquieta, el dolor de la palabra, la marca inteligente de la escritura que se bifurca que no halla el formato, que explota dentro de los cuerpos subvertidos por una raíz común de aparcerías y tantas coimas y tanto vagabundeo para exprimir el cielo y preguntarse donde y saber que se está a cada lado de tu persona jugando al vientre que delira y se desploma, el vientre seco y lleno, el temible vientre de ballena, con las agujas de coser y los dedales , con las costuras y las vencidas formas de atajar el esperma con las manos, como se pueda para hurgar en el cielo de los cometas una bondad consecuente que nada sabe de socializarse en los caminos , a la vera del garrote vil y las copas y la oportunidad de la celebración y el sexo, por un rechazo de la semejanza , un atisbo de odio , la otra cara de un entenado , la sinceridad del recodo y los nombres consabidos de toda proeza literaria.


La soledad del obturador. Que claustro para una tormenta.
Que devenir de intemperies, la matanza y la contigüidad de los parques y las aceitunas, con la capa de la locura que sobrevuela los tejados en una bicicleta nocturna y desamparada bajo los álamos campestres la miel dulce y blanca de las lechiguanas, los paredones, las encíclicas papales como si se tratara de una vecindad con el dólar o las maletas vacías. Y aspirar el tiempo. Y regodearse con el ritmo de las olas. Y sentir que la palabra se bifurca como se bifurcan los puentes o tu nombre, viéndote detrás de la ventanilla. Como un prócer. La partición lunática de un pedo , sin inventar aforismos el absurdo total en la invención de una carta que se estrecha como los dados y el cubilete, la razón de estar con la lombriz solitaria o el ahumador y el aroma del néctar y la espuma de la leche cuando sale de la ubre de la vaca sobre el balde de aluminio, las mañanas frías con gusto a queso, saber nadar en medio de la oscuridad, reencontrar el templo, dar vuelta la manivela y encender el motor y echarse a andar con la fonola y los discos agitados por guitarras y violines, por cantos de yacantos y especies en extinción , la bruma que pesa sobre las ideas como una confluencia de sueños y rapsodias en la juntura dionisiaca del verbo, no quites el sexo, no me hagas reir con tu sutil balanceo, a la hora de un hijo , de una noche que espero, la incertidumbre sobre los brazos del dinero y la muerte que contemplo desde cerca con los latiguillos de la mirada, para mejor seleccionar las palabras en tu cumpleaños.


Y si traían al niño , la canasta precaria de su deseo no podría sostenerlo, ante los brazos inquietos y vacíos del padre que, en conjunto, se llevaba los abortos de otras tempestades al miedo de la sangre y de la muerte desvalida.
Ese lugar respira la comba de tu superficie como un molino de embarazos partidos, quejas de otros ayunos como abecedarios ciegos y esculpidos en la memoria de la escritura y el inconsciente, para llevar en el miembro un psicoanálisis perfumado que sale a flote con sus reveses donde hay aire y se respira la palabra y se amortaja el deseo con toallones de mimbre.
Nada mejor que verse en los espejos de la idea para matar la contemplación invernal de la locura, en tiempos de materialismo, usufructo de las llanuras y el agua.
Los rosedales abarcan el espacio contiguo , el olor de la hierba recién cortada , la sensibilidad de unas manos ajadas por el mosaico cortado de los surcos, el espacio de las manos y sus grietas históricas y todas sus verdades tan simples como los cántaros , como los libros del tiempo, como el sabor de la leche.


Un guante para la semejanza. Una mano para morir temprano en la alcoba de la estancia. Un estanque con agua color de hierba, la rosada sangría del ocaso y las toallas en tu firma con la cadencia gris de tu personalidad. Si juntamos todo esto para hacer un buen queso y agregamos mermeladas y otros dulces.
Si aguantamos las várices inquietas y reventamos lo sobrio y lo desplazamos y lo herimos y al mismo tiempo, lo dejamos a un lado. Para encontrar un respiro en las cerraduras abiertas por tus venas. Si todo esto es posible y no se trata de un sueño. Si hay cadáveres detrás de las pancartas y mucho lujo y vejez y una nada tan cosmopolita como los discos que suenan en el fondo de la voz de un tal gardel , si en la danza de un oprimido se levanta una seda de luz candente y hay otros que no son agujero, la maravilla de estar despierto y colmado por la vida en un instante, agradeciendo la salud en un destello libertario de gracia y bonhomía, las revoluciones del deseo, la inquietud del prójimo como andadura, como camino para atesorar la vitalidad perdida. Una manera de arrancarse a las mareas , de irse tan lejos como fuera posible para un fracaso seguro en el campo de la domesticación por las letras , en el augurio de un porvenir solitario juntando huesos caídos al azar por un polvo, una equivocación tardía que arroja a las nieves los escapularios , los horizontes. Y mejor pensar en el éxito que tanto ha costado. En la mejor de las batallas . En la subversión y aniquilación de la locura. La crisis del mundo que desgarra la conciencia. La soledad de saber y estar marcado. La raíz de tu fuelle, tu triste tango , la ciudad que vomita desesperación en las alturas y tus labios cantores, labios de témpera para pintar sobre cartones la maldad de todas tus adivinanzas, como si se tratara de una canción , música sin alas para contemplar la ocurrencia que surge en la bañera con el agua tibia y el jabón , en tus grupos , la rosácea de tu sangre y de tu futuro para congregar el esperma limpio de horizontes verticales.


Y si repudio la sombra del útero, la luna amparada en tu gineceo, los tallos del saber en platos de loza para la pereza del odio desgastado, en un haber de explicaciones fortuitas , en una mezcla de barrios y calles estampadas como tu cuerpo o tu hendidura en el nervio, amianto colosal de la suerte , a trasluz de la desdicha en sombras de parques y hondonadas en las piernas de tus estambres, en las alturas de tu corola vacía como los genitales, en el frío congelado de la huella y servir para el territorio del fracaso , la mordedura nocturna del almíbar, la locura ciega y desatada en fuegos de artificio.
No me expliques mas. Déjame ir por un costal . A la orilla de un río sesgado la pecera de barro y los peces de colores en la sombra de tu sexo , de tu sueño como acolchado, sin gemir, en el placer silencioso de las algas, vomitando la superficie del dolor en una pequeñísima queja anodina, tan fugitiva como procaz , la ranura por donde el circulo se asoma a la intemperie y grita libertad porque es un ejido de símbolos y llaves secretas el idioma obturado por un secuestro y el dinero de las noches acontecidas e inquietas cuando surge en la radio tu voz y la quietud estelar de los silencios y una palabra milagrosa que acompaña en la soledad el papel de estraza y la birome para los guantes de cabritilla de toda la admirada locución. Yo escribo y tiento la hora de mi sentimiento, mis imágenes sobre valoradas , mis contubernios con la lengua en el patio trasero de la gramática , yo escribo. Y escribo para hamacarme , para regodearme en el tobogán de la palabra , para subir al trapecio de la frase y quitarme la ropa y balancearme. Escribo para dejar sentado el emplazamiento de los parques contiguos, el olor de tu nombre, el olor de la hierba y cada cadáver exquisito una manera de echar aceite en la verdura, una manera de leer en los libros intempestivos del cuerpo para evitar el aborto, la sangre que se escurre en otros brazos y darle un sentido al vivir en la no merecida batalla del encuentro.

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De color turquesa la verdad. De venas latinas, antropófagas.
Con abismos oscuros , deletreando corazones de mujeres, subiendo ascensores, en la plena mancha de tinta en el secante para volver a dibujar con tus manos la humedad en la pared, el llanto que se escucha en los pasillos , una mañana de ternura fugaz para amontonar los ladrillos y levantar las paredes del rancho, el agua hirviendo y las nueces, los quesos y jamones colgando, sin hablar de las serpientes o las arañas y los niños en pelota con las bocas sucias y la relamida del perro, los cojinetes vacíos del motor, la palanca de cambios de tu sexo pelando cebollas con la mañana como un pimiento en las entrañas, una cabalgata de hormigas horadando el pan en un plato de aluminio y llevar los pantalones a coser, la bragueta rota de tanto importunar en los lavabos , de tanto andar meando a zancadillas por el suelo para las especias, el clavo de olor , la nuez moscada , el azafrán mezclado con arroz y vino tinto y la rosa portulaca en las macetas de tu rostro sonriente, casi sin dientes de tanta pobreza, tu piel de maíz , el vellón de oveja que te crece por la espalda hasta tus piernas, para que afloren las campanas, las cartas de truco, el rey de bastos y el sabor de la grosella cuando te escondes bajo las sabanas en el piripí de tu deseo, haciendo cosas de mojigata , franqueando con pequeños sobornos la ruta del placer, esa noche que te aguantas, entre las latas y las ratas los desusados pijamas del invierno, las estufas de carbón y lanolina surcadas de arena y palo para inventar otros fuegos colosales, la tibia leche de tus senos, canción dulce de la milpa , del abejorro envuelto en cáscaras de melaza, como son los tugurios finos de la hembra en el polen acuático y marino.




Saturday, March 07, 2009

El sabor de la leche blanca y pura como la manteca de los divinos tesoros esconde la rúbrica del sol a la hora en que muere sin errar el nombre, con sus ojos azules.
La rosa blanca agita murmullos tenues mientras el niño aguanta el fuego, aguanta el mundo con su cabeza de papel maché en los zócalos inmundos y eternos de su llanto. Es que para nacer el tiempo trae frutos de manos pequeñas, manos de azúcar, relámpagos de palabras y silencios rotos como monedas. La verdad se escabulle entre las piernas desnudas, entre los giros de su pollera y nada mejor que la hierba para dejar que el cuerpo entre en la atrocidad pútrida de la muerte, para llevarse el velamen , la impostura de sus barbas y sus arrugas, seleccionando el alimento de la noche torcida, cuando llega el viento con sus mentiras y sus aspas de molino de agua y trae sus agonías con sus nombres trocados para una mejor dentellada, menoscabando el rumbo a la hora de la siesta.

En el vientre circular de la noche
Nace la rosa engalanada del silencio
y titubea tímida en el profundo azul de mis venas
como estrellas que abre el tedio
A la boca ensanchada de vida
Por el rielar del esperma
La gracia de un nombre recostado en una conciencia
Como una pared o un techo que se derrumba.
Hay un litigio con la sombra
Un clarear del grito
Mientras estallan los sueños
Tan despiertos y a deshora
Celebración de la muerte blanca
La vaca sagrada de la lentitud
En los ojos de la eternidad
Donde se regodea una voz de suicidio
Como un túnel oscuro
De nieve profunda en la soledad tan roja
Tan vecina
Con pava y mate para limpiar los campos de la ausencia.
España.
La locura es una alfombra que se barre
Y se tira y se enjuaga
Como un cardo
O una rosa
La amputación de mis hermanos
Yo que sabía a los huesos
Mariana.

Monday, November 22, 2004

Escritura en la arena

Ya del otro lado de la agonia y la tristeza, voy y vengo del asombro al campo de mis posibilidades. Lo anterior, una queja temprana que no se repite a menudo.
Es decir, mi base de sustentacion aun es buena, aun se volar en las alturas aunque tambien conozco los descensos.
sl

Tuesday, November 09, 2004

Mañana de primavera

Se cierra sobre mi costado la realidad dejando abierta una herida sangrante. Las ilusiones derramadas recaen en la tristeza de los platos sucios, de la ropa arrugada y los ceniceros manchados. Las ilusiones, esos veloces brillos de la realidad que corroen el alma, en el espectaculo del vivir, orinando en las preciosas bacinillas de oro de los reyes, juntando en las meditaciones la baba de caracol que hermosea las hojas vivientes en sus nervadas venas , caen en el pozo oscuro a veces, donde la merde se reconcentra y hace aspavientos de grandes moscardones azul negros.
Asi amanezco hoy, como si hubiera despertado de un sueño triste. La realidad refulgente pierde todo su brillo y me quedo sentado en un banco de plaza, solo, sin pensamientos, en la delgada capa que reviste la tarde de un relumbre de calor y de luz.
Amigos, venid. Solo no puedo. Soy una maquina de engañarme a mi mismo, de creerme cosas que estan en la realidad y no estan. NO creo en el salvense quien pueda, aunque sea tambien un dato de la realidad.
(continuara)

Thursday, October 21, 2004

Transparencia

Cada vida tiene la trayectoria final que marca la flecha en el certero relampago de la vuelta narrada por homero en su Ulises. Como hansel y gretel recorriendo perdidos caminos de pequeñas piedras blancas para re encontrarse en el mundo inquietante de los misterios, los espejos del conocimiento, los engaños a veces de ciertas ilusorias formas de trenzar la realidad. Me quedo pensando en voz alta y maravillado, sorprendido me siento a cavilar sobre esta hermosa tarde, en una esquina, frente a la plaza donde hamacaba a mis hijas de pequeñas.
He escrito muchas cosas. Lo mas importante es lo que refleja la vision que he ganado de lo bello, lo que es efimero o lo que , en su constancia y movimiento se despliega a los ojos, se da a beber como el agua fresca, rozagante. Sigo creyendo en la poesia como verdad y libertad. Ciudadano, ya no de segunda, ya no un vagabundo que retoza en las calles con un cierto aire frances o catalan, sino argentino, de sudamerica, en este barrio , en esta ciudad en la que naci, con esta historia que amasé entre el jazz y el tango, entre filosofias y creencias diversas pero siendo yo mismo, paseando con mi bicicleta, siempre caminante, siempre buscador de libros, de fortunas entre renglones.
Y han pasado unos dias. Leyendo las enseñanzas de Bodhidarma, no se puede comentar mucho aqui, pues suena un rock and roll estrepitoso, de todas formas me quede contemplando la realidad carente de sentido, por si misma abierta y despejada y pense: àra el budismo todo nacimiento de un pensar es entrar en el orbe de la ignorancia, es la verdadera fijaciòn al no pensamiento lo que hace a la sabidurìa. Inquietante máxima que se corrobora por la aprehensiòn directa, sin interposiciones de la percepciòn originaria. El ver directamente. Las cosas tal cual son. Vuelvo a embeberme de esta concepciòn y creo que me han estado ocurriendo cosas con una mente que no quiere ser apresada, ni constreñida; que busca lo absoluto, la unidad. Pero Bodhiddharma lo dice claramente, cuando pensamos somos mortales, cuando no pensamos estamos en el estado bùdico.
Y vamos de una cosa a la otra, tal vez comprendiendo que una economìa del pensamiento, el pensamiento justo, es necesario para relacionarse y tambìen para establecer còdigos de convivencia.
Escribir a lo mejor esta de mas. Las palabras son engañosas. Levantan telarañas de equivocos, trabajan parcelando la realidad, acotandola, a veces cercandola.
palabras para confundirse o creerse en ellas sumergido, en formas irreales, como te dirìa, no hay discurso, solo un salpicon de aves, palabras para adozar, para sumar y restar, para realizar operaciones lògicas pero al mismo tiempo para condimentar el plato que esta hecho de otras cosas que no son lenguaje.

Monday, October 18, 2004

Pobreza

Los ricos venidos a menos, los rotos en la malla, los que no tienen que, ni con que, esos que tambien, emparentados con el alba comprenden los avatares historicos de las sociedades que se descomponen y quedan atravesadas politicamente por el dolor , la marginalizacion y las tempestades, esos que creyeron y los que no creyeron en sus propios misales, perdiendole el gusto a favor de una razon plena, en fin, la noche esta llena de inquietudes y de rostros de rocio, musica azul grana entre sombras acurrucadas en el olvido. Pero en algun rincon del mundo mallarme escribe sobre el azar y una partida de dados que resuena en todas partes, es decir, cada uno t endra su cubilete, mas o menos lleno de esperanzas o de incertidumbres, a quien le tocara verse en l a lista de los empobrecidos por el olvido o la indiferencia, o la irresponsabilidad comùn. De suerte que los pasos en la niebla seran dados desde el amanecer hasta el anochecer tejiendo la realidad entre el deseo, la verdad y a libertad.
(pensando en voz alta ........mis hermanos......

Thursday, October 14, 2004

Empiezo a entender algunas cosas. Por ejemplo, como un arbol puede convertirse en rosa y en mujer al mismo tiempo. Nubes que acarician el cielo, visten la fragua enrojecida del fuego con vestales de lluvia, plagados de horizontes de ceniza y nieve donde ella duerme plegada en las mareas profundas y como suenan otras voces a mis costados yo debo dejar la tarea de ser descifrador de mares abiertos, de ocultos misterios de la mirada en esta hermosisima noche de buenos aires.

Wednesday, September 29, 2004

Las arboreas almas

Se siente como si uno, contemplandose por dentro, habitara junto a su corazon en el lecho o en el nido de la amada, como si el temor o el miedo circundara los vàstagos opresivos de la mirada, un sopor de nebulosa nocturna, de mermelada caliente, de perfume sabatico.
Se siente la otredad, la invalidez de lo incierto, la concurrencia del tiempo estelar y el espacio de los deseos, como si andar por el mundo fuera navegar con las velas bajas a la deriva, dejandose llevar por el espesor fino de las superficies de las aguas. Se siente la herida, la batalla, la mordedura; el frio a veces de una ridicula cocina del ser que estalla a veces en mil pedazos haciendose sol, afortunada llovizna, gris presencia del estìo.
Se siente la noche, el cùmulo vacio y latente, la profundidad abovedada del espiritu, profundidad sinfonica, melodiosa, compuesta de arpegios y pequeñas sonatas vasculares.
Se siente la prisa en la debilidad, la angustia como mordedura de los ocasos, la nada, la niebla ultima de una blanca morada, donde a veces habitan los pájaros,a veces los consagrados tiburones, relampagos del mar y de la conciencia.
Se siente el fragor del amor a veces teñido de desesperanza, la cancion ultima de la hierba en las grandes extensiones y praderas, lagunas de juncos. merodeo de las aguas en torno a un circulo silencioso de atardecer, cuando el dia cae azul y verde con el croar de las ranas y el chillar de una gran bandada de inutiles flamencos.

Santiago Linari

Tuesday, August 24, 2004

La sombra padecia todos los arrebatos del escorpiòn, como un corazon que en tinieblas dibuja el espacio anochecido, rodeado de cuerpos estelares, de temblores còsmicos, donde comprendìan sus ojos animales,mas que sus voraces fauces, el significado oscuro de la noche. Y en la noche sembraba de jaspe su refugio, alardeando de su vista y de su alegre devenir, mientras caminaba por el surco de la tierra arada, repleta de uvas dulces y asediadas.
Asi el tiempo conjugado con la melodia renaciente de un laùd, recostaba de lado el cuerpo semidormido de la sombra perenne, agitadora de vientos, con sus dulces señales y vaivenes de pequeña consolaciòn orquestal, sin hablar del violoncello y del libro, de las paginas amarillentas y quebradas por la lluvia, donde se leìan los poemas mas antiguos, aun renacidos, de gòngora.
Y eran las cruces de la iglesia y los viejos campanarios en el pueblo, junto a la pequeña plaza, donde los artesanos se acercaban a veneder sus mercancias; alli, en ese lugar solia el viento desvanecerlo todo bajo el polvo, en remolinos que se llevaban por los aires las mesas y las sillas turisticas, mas elegantes, a veces con sus comensales, que volaban por los aires con sus trajes azules y sus sombreros, con sus velas encendidas y sus blancos pañuelos de organdì.
Alli, en ese lugar de los sueños no solo crecian las achicorias verdes para alimentar el ganado, crecian los rumbos, los itinerarios mas profundos de la niñez desacompasada que cada uno llevaba adentro. Y en las multiples historias no solo crecian serpientes sino blancas palomas que en las alturas sobrevolaban felices, timoneando los cuerpos y las alas, en una navegacion unica e irrepetible.
(Continuara)