Friday, November 17, 2017

Andar agachado, buscando el agujero. Andar rastrero contra los grandes vientos, eso para precaverse , para atemperarse de todo lo siniestro que puede atravesar el interior, pero buscar en la zona del precipicio, saber que detrás de todos los grandes abismos hay una mano que escribe, una sangre que devora y pulsa las palabras, que continua con un llanto de belleza, de como se anda en las veredas , de como se aprende a sentir con la gente, con la música, en la calle, en los colectivos nos subimos a la tarde de los otros en nuestra hermosa tarde.

Thursday, November 09, 2017

Tengo una forma de anudar el sentido de mi grito, de disponerme bipolar , para mi y para otros, a veces para ausentarme o intentar una vez mas el movimiento en el cuerpo que sea danza de mis imaginarios, danza de mis ensueños, para explicarme mejor del lado en donde crecen en mi los cardos, con esas espinas que duelen en pleno misterio, mi condición , mi enfermedad, de la que resulta mi lucha por levantarme, todas mis caídas, mis resistencias y por fin el encuentro con el movimiento que surge de esa parte solar mia, atravesada de paisajes, de llanuras, de mares, de cañadones, todas esas piezas sueltas de mi persona , que yo armo y desarmo como intentando una forma que sea escritura, que sea alborada, principio de una gestación, de un nombre que se teje a la mañana de una respiración, de un corte, de una lactancia en el mundo nutricio de un pecho lunar, como fue tenerte y abrazarte, también como fue perderte y recobrarte.
Pero detrás de su niñez donde había quedado el pecho, la mama en la tierra donante, en los jazmines del duelo, un lugar para dejar crecer el temor de la historia, a que te la contaran y que no pudieras entenderla, por llamarla siempre, a pesar de que la sentias muerta, pero había una manera de insistir, de pedir perdón, de someterse y domesticarse porque a lo mejor bailaba mejor o se quedaba mirando el techo, hecho un nudo en su tentativa de rescatarse, de envolverse en los terrones de azúcar, en la cal de las paredes, también muriendo el en el baile despojado de toda la psiquiatría, de las ordenes para rehacerse, cuando el se encontraba en ella, maniatado en una cama, con una cuchara sopera y un amanecer para dar a parir porque el también se sentía pariendo y a ella la habían escondido, detrás de los tejados, mientras sonaban las campanas y la envolvían muerta con toallas y el tambien se aburria bailando, porque se paria a si mismo bailando y se dejaba llevar y a veces era como un caballo mañoso por toda la domesticación de toda la psiquiatría en mama, con los electrodos, encerrada en su celda, alla en el cine de sus películas adolescentes, por siempre la locura como un idioma para bailar con la locura, para hacerla volar por los aires, en las hamacas como el pibe que se atraviesa en su llanto de no querer hacer lo que le dicen, si total para que, total esta danza para maniatarme mas o para liberarme, no lo se, simplemente la dejo ser y alguna parte de mi que se aburre, que se subleva por desatarse, por rezongar nomas, hasta que pudiera ser un acuerdo con otra cosa, una emancipación, no lo se.

Saturday, November 04, 2017

La llevaba adentro como una muñeca con vida, como una bolsa de maíz, como un pedazo de tierra, la sentía moverse, la sentia bailar y por momentos estaba atravesada en su cuerpo como un paisaje de viejas montañas, asi la vivía mientras iba pariéndola en su mente, la llevaba naciendo bajo un árbol, gritaba de tanto grito, con las piernas bien abiertas, a horcajadas la recibia, la abrazaba desnuda de sus desnudos, como atada de una rama se dejaba llorar de tanto llanto, de tanto parirla en el gran paisaje del fuego, de tanto quererla en el estallido de esa mañana con sangre y con luna, con su caricia y sus besos, la sintió palpitar en su recuerdo, en su corazón de niebla, le desato el cordon con los dientes como una perra, se entrego con la mirada puesta en sus ojos y asi la lamio, la curo le entrego sus brazos para el nuevo dia.

Friday, November 03, 2017

Y yo dejo que se distraiga, que se enrede el gran firulete del vecindario, dejo que brille, que amase su pan, que corra detrás del rio, desnudo como vino llegando el loco, con su locura a cuestas, con su verde amarillo soñar encuentros y verduras, con sus piolas y sus violines, el loco, amamantando su fulguración, su bestia política y privada, en todos los hospitales, con sus inflorescencias, semidormido como quien lleva en si un gran señuelo que atrae, que engancha en la pesca matrimonial, la locura de todos los ríos, de los montes de Parana , de las esquivas mostraciones del dolor de alambradas, de corazones que duelen en su dolor como la bestias, de la escritura de los miembros, de estar acostado mirando el sol con la oscuridad adentro como si se tratara de una llanura, de un desierto que se come con una boca llena de alambres.
con palabras me doy permiso para estar bien, en ese campo que se abre desde los hospitales, desde todos los encierros, lo que me humillaba, lo que me reprimia para mejor buscarme, pero en una busqueda incesante desde las infancias desprotegidas sentir la erosion, el termino de la carrera, la sublevación para entenderme mejor, quizás volver a esos parajes solitarios, a esos desiertos de la mente donde todo pesa tanto, los arboles del parque del hospital, los propios encierros donde se busca que se acomode como puedan los liquidos internos del cerebro, la química de la cabeza en los paisajes renovados como canciones, como poemas o acertijos de cielos inmensos que vienen a limpiar por dentro del cráneo todas las manifestaciones de la tristeza en los galopes por dentro de la carcaza núbil de la despiojada cabeza, de la milenaria cabeza como panorama de la gente que pasa y que todos vamos naciendo y todos nos vamos pariendo mas alla del hospital, en las calles, en los refugios.

Thursday, November 02, 2017

Buenos aires me devuelve lo que siempre le pedi, un semblante originario, como mis pies desnudos y atravesados, como mi cuerpo que danza el movimiento de los oleajes, de las centellas, de las miradas como cielos, las eternas miradas que suben a los balcones, a las ventanas , a los dormitorios de sus escondidos, de sus refugiados postres del invierno, del sol que canta amaneceres nuevos en la mansedumbre y también en los despojos y en el vecindario de los dichos con macetas y geranios y jazmines y malvones, de acordeones a piano, de sabores a humedad,a filigrana de grandes toallones y verdulerías y mostradores y tanto andar a través, tanta vacacion de arado, de amado, de vieja escritura, de mandolina para esperar en todos los rincones los nuevos autobuses, el estilo de su contoneo, de su bamboleo por la ciudad que se abre de piernas, que se aluniza , que se pone polleras, que se pinta en todos tus corazones.

Monday, October 30, 2017

Como en la próxima orquesta, una noche secreta en el cuerpo de otras noches, la armonía de las tempestades en la sala de conciertos, donde vengo a atemperar en mis condiciones otros modelos para ser, para darse musicalmente en la sinfonía de una butaca como placenta, en los campanarios de las voces y las caídas, en las enmiendas de los contrabajos, de los violonchelos, para abrir los estambres perfumados del deseo estelar, universal; el cosmos madre, sinfonía domestica, gitana, de enredos como murallas, música de la locura, de los grandes estallidos sonoros, de los volúmenes melódicos, como grandes ecos, estorbos, clausuras en el meollo profundo de las cavidades cavernosas, no cierres los ojos, no abras la boca, deja los timbales, los xilofones en lo sexuado de la mañana, sin intenciones, toda la opera de la mujer atada con alambres, de los puntos en las letras, en los estandartes, en toda la fruta de los cascabeles, en las manos atadas por la espalda, detrás de los odios en cuarentena, de los zapatos sucios, laburando la tierra en la sala de los conciertos, las filarmónicas, los tejidos de la mirada detrás del silencio, que se come un miembro y tose su suciedad desnuda, por ser bipolar.

Sunday, October 29, 2017

me vacio, me voy a la distancia desenredando aventuras; me encuentro con mi hermano, me disfrazo, juego a ser uno de mis tantos quijotes, también me amurallo, me desvisto, echo a andar todos los fantasmas hasta florecer en mi, hasta nacer de un brote imaginario. Y vuelvo a ser quien soy en la aventura me lleno de mis propias voces, me espero del otro lado de la muerte para ser otra vez vida, con zanjones, con averias pero también donde me inundo de extrañezas y alegrías, dejo a los cielos mas profundos ser mas inmensos, de donde viene Elena a buscarme de uno de sus tantos cielos, para parirme, para darme una espalda, una canción de cuna , unas manos, tal vez además de sus locuras, sus atravesamientos, sus mediumnidades espirituales, sus caricias de campo y horizonte, donde las ovejas, la ternura de las paginas revisitadas, los pastizales, el color morado de la tierra ensangrentada, de los susurros cerca de la cuna, de todos los naceres espirituosos, como comidos desde el pan, como después de las batallas, los incendios, las comisarias de la locura que duerme, de las celdas apretadas en los anales del ano que se va comiendo con su cascara dentro de las galletas, perfumadas por los agujeros, por la tinta indeleble del rostro quemado, de las infloresencias de tango y gomina donde se presenta la traición, la que mas duele desde su llanto, desde su travesia como cielos huracanados, como manos desatadas en los ayunos de la tristeza para que el tiempo se demore, para el perfume de las religiones, donde los ancianos , también bipolares, escupen en otras mejillas.

Saturday, October 28, 2017

sombras en la cama

tenia que caer un dia de estos, sin poder levantarme, para merecerme mas la enfermedad que tengo, para volver a inquietarme sobre los pasos perdidos, como mordido por los perros del dolor o vapuleado sobre mis propias ruinas, sin ganas pero al fin un paso y otro paso y otro, despacito para recuperarme con esa envoltura que me da la tarde al salir, al despejarme, al volver a sentir la dicha de vivir y recuperar las fuerzas y volver a ser en la redención del sol, en la luminosa corazonada me levanto, me caigo, me levanto y estoy viviendo los avatares de una bipolaridad que me da sentido, que me dobla, me debilita y también me fortalece en la posibilidad de mi escritura; todo mi cuerpo a veces se deshace, soy consumido por mi propio ensueño, a veces me siento la bestia que desfallece, pero si escribo, entonces subo a la montaña y veo todo desde las alturas y mis sombras se aclaran y todo mi deseo de vivir se recompone. ES una lucha incesante contra las vientos mas violentos, todos los quijotes en esos vientos, todos los palacios y los molinos llenos de ensueños, en la manera de urdir la trama, de cabalgar a través de los dedos que dan a los cielos, como sexos femeninos, como fulgores de una ciudad que me hace una vez mas nacer.

Tuesday, October 24, 2017

Estamos en el nivel de la ternura, siempre rehaciéndonos, a veces nos descubrimos solos y nos acompañamos a nosotros mismos, a veces nos abrazamos a la ternura de construirnos y nos enredamos con otros y descubrimos la palabra comunidad, sea en el camino de caminar. Nuestra respuesta al mundo no es obedecer sino pensar, y que nuestro pensamiento sea nuestro manzano, nuestra vida reflejando lo que queremos decir, actuar, invocar. Toda mañana para ser en los demás, lo que nos hace mas jóvenes, la reciprocidad, la semejanza, la curiosidad, nuestro ejercicio de ser padres de nosotros mismos, nuestra forma de no claudicar ante el sufrimiento, cuando el sufrimiento nos hace esclavos de nosotros mismos, acaso caer y levantarse siempre para mirar el sol, la victoria de poder amar, el poder revivir todo lo que la historia ha sembrado en nosotros, la historia que no se detiene en la mirada de los hijos, en el acontecimiento de una primavera que estalla adentro nuestro, como la vida que nos devuelve a veces todo lo que le dimos, todo lo que apostamos.

Monday, October 23, 2017

Me hice y me deshice muchas veces, también los otros me hicieron con sus sombras, con sus voces, también me deformaron, me mutilaron, me hicieron chiquito, cuando me elegi secreto, reprimido, tan volátil como una hoja, pero tan lleno de melancolía, me elegi contra todos y a pesar de todos, me mude, me fui escribiendo de a poco con una letra loca, con una palabra torcida, como una rama, también hundi mis raíces en la tierra y busque el amor y camine por el desierto y me fui solo, muy lejos hasta perderme a mi mismo y escribi cartas de sed y de hambre y fui atravesado por mis propias raíces, por mis propias preguntas y también fui liberado y celebre la vida con alegría y también abrace y vole muy alto con mis sueños y fui tan alto a recuperar a mis padres, fui tan alto a hacerlos renacer, revivir, asi mis hermanos y otros amigos en el gran puente de la vida me acompañaron a veces, me acompaño mi hermana y me dio una lección que no olvido y hombro a hombro, en el árbol del conocimiento voy colgando todas mis historias pasadas y pego los dibujos y las fotos de todos los corazones que sentí dormidos, todos los corazones que pude despertar de mi propio ahogo, gracias a quienes me están dando la vida ahora por toda lavida que les di, mis padres.

Saturday, October 21, 2017

Tentativa

Y como una manera de enfrentarme al bipolar que soy me entrego a todas las corrientes, a todas las voces, las tan diferentes por abismadas, las fosforescentes voces de los excluidos, las voces rebeldes de todas las rebeldías, las que nacen y mueren mientras florecen y gritan su total investidura de palabras como mares, como universos, digo las voces que son estampida detrás de los silencios, las voces bipolares de los estambres, de los petalos heridos como corazones que hierven en la medula, en la corteza del refugio de la razón, en los miembros del delirio, todas las voces inquietas, revolucionarias, las maravillosas voces y las teñidas voces que sangran, que murmuran los cielos, los cuerpos a veces destrozados por el llanto, de voces desnudas que desequilibran, que aguantan sus cuerpos atornillados, sus cuerpos malheridos, alambrados, voces que son tinieblas y desiertos en la noche profunda de tu boca, la boca de la creación que espera otras bocas y espaldas en los perfiles, en los diseños de otras realidades como manicomios, como paredones, como obstáculos para el gran orangután que somos de la realidad de nuestros propios abismos.
marejadas azules de tristeza. Pueblos lejanos que se abisman de si mismos como grandes huellas dejadas, como un viejo manzano desnudo, la tristeza, la vieja ceniza del adiós, de la pena que madruga, de los cielos atormentados, de las cabezas canas. A todo eso le quiero cantar, a los hombres que sufren por ser invisibles, por no tener palabra, porque son como un nido vacio o una madriguera; porque son como un animal herido, como un pájaro, como una lechiguana. Vengo a rasgar el cielo con mis manos, dibujando rayos, enormes llanuras, galopes, ventanales y fuegos que no se cansan de fueguear, fuegos que se derraman como un grito, fuegos que estallan como la sangre, tronadores fuegos de la melancolía, de la sed, de los sueños de la gran esperanza, de las grandes luchas por levantarse, por ni siquiera poder derramarse sobre los portales del silencio, sobre los recuerdos de otros amaneceres, de otras playas y cosechas de grandes vientos patagónicos y tu mirada y tu andar siempre acompañándome por donde vaya desde los grandes horizontes también tu sonrisa de árbol caído, tu sonrisa de abanico, como una mano, como un anillo.

Thursday, October 19, 2017

Como un potrillo que viene a nacer en el medio de la noche, deshaciéndose en lunas, en cielos estelares, en sangre, con su cuerpo neblinoso en la sala de partos, yo el potro que vengo de mis primeros pasos sobre el embarazo, la mama de las manos de tierra, de tierra arada, pariendo en la centuria de su parto, sobre mil bendiciones dejando su llanto, su fuerza; yo potrillo saliendo de la mama humana, del sol verde , de los tallos de mi grito al nacer en la constelación familiar de los hermanos como racimos, de mi padre, de mis abuelos, de todos mis primos, tal vez como un paquete que se lleva a todas partes, de las riendas de la familia, de los primos, de todas las madrugadas en que voy naciendo de un gemido, de una caricia, de un abrazo de leche tibia, como viene a nacer mi mirada, como nacen mis brazos en la honda cavidad del deseo, en la intemperie de la noche, entre médicos, en la sala de partos, donde me voy pariendo de mis propios gritos, de mi inundación por el llanto en su hombro, mama, en todas partes con carta de ciudadanía para alimentar, cuidar en la planta monumental y llena de frutos, de vidas, en la constelación familiar de todos los padres, de todos los hijos potros, de todos los terneros y terneras en sus sueños de grandes vejigas musicales, en la tibieza del idioma, en la tibieza del llanto, amanece naciendo flores y adornos en los floreros, amanece crisantemo, amanece entre las piernas del delirio, todo por un sueño o por el perfume de tus manos en otras manos, desde siempre.

Friday, October 13, 2017

Escribir cartas, como mapas o reseñas de sueños construidos, resurgiendo como ella del otro lado de la muerte, entre las cenizas; digo que escribir a veces para aparentar, para simular, para concertar la posibilidad del encuentro, de la cita, con la temperatura de nuestros cuerpos, en los recuerdos de otras habitaciones, de otras bibliotecas y ventanas. Todo eso se respira, a veces aturde como un milagro, como el milagro del tiempo, como los maestros o compañeros tan queridos o las amigas que quise, las que se perdieron en los trazos de la historia, algunas que murieron para siempre en la hora de poder atravesarte y resurgirte, con todo el encanto de los grandes paisajes, mujeres al alba, mujeres de barro y de tiza, mama de los océanos mas profundos y vitales, del gran trofeo por despertar, la resurrección como metáfora, estar en mi, mujeres, estar para siempre en mi, madre, hija, compañera.
Voy a subir al cielo con un triciclo rojo, como tuve de niño o con una bicicleta voy a subir para mirarte, para estar a tu lado Elena, en esa película en la que sos protagonista, donde reis, donde bailas y estas como en otro plano sobreviviéndote en las playas , como yo te hago eterna, asi como me voy desenredando de todos mis dilemas, mi mente te proyecta en una gran pantalla, en una gran dulzura, con mis hermanos, mi mente te diseña como la gran actriz de una novela, donde tanto cuesta entendernos, saber lo que nos pasa, porque enloquecemos. Y en medio de esa furia dolorosa no descanso de ver a mi padre llorando por el y por todos, por esta manera de elegirse y también de equivocarse, toda la miseria de nuestros dolores, todo el sufrimiento que pesa como una gran acrobacia en una depresión profunda, por papà y mamà, en los inviernos, buscándolos en todos partes, necesitándolos para poder crecer, rescatandolos al fin por el imaginario de los triciclos y los cielos y la amplia psiquiatría profunda y los escritos en los manuscritos del mundo, de las ilusiones, de todas las pantallas cuando me escribis, cuando soy escrito por tus manos, en esas playas, en esos mares Elena, en la mas amplia psiquiatría de todos mis deseos.

Thursday, October 12, 2017

El eterno paisaje de la comunidad, donde nos entreveramos o nos atravesamos en busca de nuestros rincones, de algún alimento, de alguna conexión con nuestra naturaleza interior, dada a la buenaventura de un centavo milagroso, de una materialidad selvática, como los pechos de una madre que nos reconoce, que nos enmienda o nos cura cuando nos sentimos a merced del bruto silencio que lastima, que orada la tierra que a veces sembramos, la tierra de invierno que recogemos abismados por los vientos y los ciclones y los inmensos huracanes del llanto, por todos esos hospicios donde nos fuimos perdiendo a nosotros mismos, donde intentaron rescatarnos y no pudieron, por todos nuestros inmensos bloqueos, paredes, muros, escudos, corazas de nudos interiores como cerraduras que no abren, como niños que agonizan dentro de inmensos inodoros tapados de mierda, asi a veces los trata la vida con todas sus leyendas, sus cuentos, sus mitos y una vez mas al salir de los corazones hambrientos, con total puntualidad, las manos llenas de barro y ceniza, en la fecha del cumpleaños donde los cuarteles, los uniformes, las armas de la literatura, los inmensos cielos argentinos que estallan de sonrosadas nubes campestres donde vuelve a nacer caballo, donde se hace potro, se galopa a si mismo en las regiones del vientre de mama, en la región de su sonrisa, los potros adolescentes, con sus mañas, en el ombligo de la mañana de una cama para parirse, para desatarse antes del diluvio, antes del funeral, por el llanto adolescente de unas manos tapiadas en la entera psiquiatría del adiós, de la tentativa por estar con ellos, en la misma mesa tal vez como estallando de gratitud, de hermosura, por tanta belleza y felicidad reconquistada.

Friday, October 06, 2017

Yo se que mi horizonte será siempre la salud, el trabajo en la salud no debe morir, no hay política que me distraiga de todas mis intenciones de vivir plenamente, como todo el mundo quisiera, con las ganas que cada uno le pone a este partido de la vida contra la enfermedad, mi realidad a veces esta en otra parte, en la esfera bipolar de las vivencias mas dolorosas o mas sublimes, mi horizonte es crear y escribir un mundo posible, una vida posible para que pueda dejar atrás los eternos pasillos de un hospital, para que pueda reconocerme en otras miradas, en un abrazo, en una sonrisa. Tal vez debamos aprender de todo este sentir y también de todo el sufrimiento pasado, que fue como enterrar la semilla en el dolor de todos los duelos, de todos los que no están; ese dolor deja una enseñanza y hay que escuchar donde mas duele, sacarse los zapatos, desnudarse, aprender a quebrarse para ser junco en la tormenta, aprender a doblarnos ante los grandes vientos, ser la voz que nos espera del otro lado, no olvidar que el corazón te recupera, que se vacia para volver a hincharse; que la alegría es posible y bienvenida, siempre fluir y aprender a querer, vivir la experiencia de amar otra vez, porque el sol nunca falla.

Elena

Creo que tener una nueva oportunidad para realizarse como niño interiormente, jugar y no dejar de jugar la baraja mas creativa para empujar hacia adelante nuestro destino, en esas calles de barrio parque, en esos mundos de Palermo, de Almagro, como no volver a los patios, al colorido de los claveles, al perfume de las enredaderas de noche; y los gatos y los murmullos silenciosos de los espiritus que me protegieron, de todas las intenciones que me ampararon, de todo el cuidado y las caricias en la mañana y el no poder enterrar el recuerdo de la madre que uno quiso y apenas tuvo como un soplo, pero que ese soplo de ternura es el que me escribe desde ella, como si yo la habitara, la tengo en mi interior ahora que vuelvo a nacer, ahora que ella me escribe desde sus manos, desde su mirada y me hace ser, me quiere bien para volver a los mundos fugitivos, los mundos que se rozan a si mismos desde las vivencias precoces, desde las eternas orquestas del devenir futuro, del desafio de crecer en los contornos de su identidad en la mia; no solo la lucha por la vida sino el triunfo de la vida, Elena.
Fundar el territorio, la gran raíz de la conciencia , a veces subvertida, y eso no te lo entienden, después que hayas encontrado el malestar, lo indigesto, y que te cueste tanto superar las diferencias y acercarte a pesar de los antagonismos, mas aca de nuestros intereses políticos nos debatimos por esclarecernos, nos columpiamos, a veces nos caemos y nos volvemos a levantar, pero soñamos, como sueña el panadero y vamos de nuestros sueños como quien camina contra todas las miserias capturando la belleza que va quedando, la pobreza que va como una estampida desatándose en nuestras vidas, mientras escribo la fiebre, mientras me avergüenzo, a veces decaigo, mientras horneo mis verdades y hago tostadas con mis poemas y con mi miseria voy tejiendo nuevos mundos, y voy sacando de la pena, una cebolla, como miguel y entro en la resonancia de mis calles, de mi contemplación para intentar salvarme de lo insalvable, el desvario de la rosa profunda, el eterno desnudo de mis murallas, donde encontrar mis palabras, mis huesos, todo lo que intento hacer para sobrevivir, una lucha que no tiene sentido y que me devuelve a la razón de ser del utero materno, de mi estar solo ante esta fulguración del desierto, para fundar el territorio del vacio, como alguna vez funde, en una especie de magia estelar, de recorrido infinito por mis propias ilusiones.

Wednesday, October 04, 2017

todo lo que tiene que ver con la comunicación me hace crecer; de unas raíces silenciadas nace la palabra y mi amor por la palabra, encajada en el cuerpo, en la sangre de los libros que lei, en los muros derribados por la fuerza del idioma, donde hay un patio y una palmera y mucha agua que se desborda de mi seno materno, la palabra.
levante muros en mi para defenderme de todos los encierros, de mis propias rarezas, de mis fantasias, de todo el amor un tanto explosivo que sentía. Levante muros en mi interior por todo lo que hicieron de mi; por como me fui enredando desde mis amores y mis ideas políticas, todas mis conciencias de lo insalobre que significa padecer otras ideas, fui un pedazo de misterio que nacio en la razón y fue como abortado en la locura bipolar, algo asi como el extasis de volar y embarazarse de si mismo y nacer o sea parirse pos las calles, por los zaguanes ir echando sangre de parir en los trenes, en las universidades y que nadie se de cuenta de lo que te pasa y que termines callandolo todo, empujando hacia arriba en cualquier psiquiátrico, sin poder ordenar tus ideas comenzarías a morirte de a poco en vida, entrarías en el ataúd a dormir , si tienes suerte , todas tus hazañas, ya que se olvidan de tu muerte y te has convertido en un despojo y ahora, en este nuevo tiempo presente lo recuerdas y vuelves a soñar, porque los tiempos de parirse a si mismo recomienzan una y otra vez para llorar de vida, de aliento, de felicidad, una nueva mañana.

Friday, September 29, 2017

Voy a deshojar la escritura, quiero hacer un libro con los pedazos que sobreviven a mi historia; por ejemplo bañar los caballos, verlos revolcarse, escribir esos cuerpos, esa tierra, ese sol. Y escribir en una tentativa un poco miserable la razón de mi vida irracional, la gente que me acompaña en el dia a dia, mis sueños detrás de los bastidores un mañana pleno en la plenitud de las pequeñas cosas, cuando los recuerdos recuperados por la psiquiatría, por los grupos en el semblante de las horas calle arriba, señores de mis heridas, lotería de mi fracaso, tango de mi coraje, que mania deliciosa puede traicionarme en un mundo lleno de traidores como sentir la angustia del espanto, los molinos de viento, las figuras, los grilletes en el sueño del gran automóvil, ahora que los espejos retrovisores, ahora que me acompañan todas las canciones, en todos los tugurios, en esta calesita de barrio, en este paquete de lujo del nacimiento precoz de una mañana con detergente, contaminada por la policía, por lo sucio de sus calzoncillos, por toda la mancha que habla de mi en la pared, por los años cumplidos de un cuerpo que se relame, que se explora y se debate con todos los silencios, con todas las madrugadas.

Tuesday, September 26, 2017

En esa mesa se reunia el cura con el ladron, con el militar, con el banquero y yo apenas tenia lugar para ver en lo que discutían, todos abrazados al dinero, claro que los campos no eran paisaje, eran dolor de fusilamientos y en la mesa todos hablaban de los campos, de las monedas que se conseguían, de toda la leche y la verdura, pero yo no hablaba, yo me escondia , yo me reprimia porque miraba los bordes de los pinceles y en el olor de la trementina y en los girasoles la miraba a elena, del otro lado de los cortinados, porque se hablaba de mucha mierda que yo callaba, se hablaba sin hablar de todos los pesos pesados de los cadáveres exquisitos, de la piedra de toque de las ganancias, de las acciones, se hablaba del capital y yo me hundia en los girasoles, porque no un mundo gratuito, como el mundo de los pajaros, porque señor cura, el cristo de los gitanos, la sombra de mi hermana, la pianola, digo yo, porque obedecer, eso, porque tengo que obedecer.

Sunday, September 24, 2017

Nuevos escenarios de mi vida, en otros ámbitos que no se, pero estas siempre del otro lado del alambre tejido, estamos todos en un enorme gallinero mundial, somos parte del juego, nos abrimos paso entre ceniza y niebla y a veces recordamos los viejos tiempos y nos anudamos a el, nos retorcemos como en un quejido debajo de grandes cielos y nos hacemos muy chiquitos también con el fin de reencontrarnos, muchas veces de sublevarnos. Siempre empezamos por actuar la función en la mitad del acto, cuando se produce el entrevero en nuestros corazones, cuando se apagan nuestros sentimientos, entramos todos juntos al lugar elegido y nos pavoneamos en la escritura, nos damos a conocer como si fueramos ratas. En esa gran constelación en la que vivimos todos hay pan para todos y también felicidad, que a veces se rompe, se desgasta, se afirma colosalmente en un mundo elegido por todos, lleno de sol y de grandes nubes borrascosas, como enormes montañas detrás de los rascacielos de una ciudad que dibujamos entre todos, de calles que todos caminamos al unisono como en una gran melodía o como en una gran enfermedad.
Abrirse a la nocion de panorama, de espectáculo, de paisaje de ideas, los contenidos del misterio, de la fulguración placentera del nacer otra vez a la vida, ya que se trata de nacer una y mil veces y también de morir, como si no hubiera tierra, apenas llanto para la metamorfosis que se adueña de nosotros y de nuestra realidad, sin dejar de sucumbir a todas las estrategias del lenguaje y de la infancia, habria que buscar en las alturas de las montañas para verse desnudo, rodeado de animales, como preparándose para la travesia bíblica, también para perdonar, también para entender mejor cual fue nuestro papel, cercado a veces por nuestro rigor y costumbre, el imperativo de una ideología que hace fuerza por expresarse y mata y luego tortura y luego se disfraza de santo, se viste de decente y secuestra y siempre cria a sus niños y siempre los adormece, detrás de la oscuridad que presiento, de la muerte de las ideologías o de su revelación, las extremas ideologías que son como la sangre caída de los pajaros de la poesía, de arrancar miserias y luchas, de embestir con el cuerpo las cicatrices, los vientos perfumados de la muerte en la derrota de las cárceles, de los crímenes, de la soledad de los pensamientos que atraviesan la locura del despojo.

Saturday, September 23, 2017

Sobre el paisaje del dolor tal vez comprenderas todo el misterio, toda la sabiduría oculta. Hace falta ser un poco el maestro de uno mismo y al mismo tiempo, encontrar quien te reciba, quien te de un lugar en su corazón para que puedas despertar. Eso te pido, para que cuando desemboques en tu propio silencio sepas asumir de la mutilación de tu cuerpo, alguna danza posible, algo que te sirva para merecer el propio trabajo, la vela que arde solitaria de noche, y espera ya fuera de toda decadencia, un momento para brillar y dejar que otros brillen, para que el brillo sea mayor. Y asi te dare un instante en que tus manos, aferradas a otras manos sepan escribir la red viviente que te guía encima de las tormentas bipolares hacia otros mundos, en el esfuerzo de sacudir las hojas y de transmitir una alegría plena, con el desplegarse de las campanas, con la plenitud de un sol que hace nacer los brotes en la tierra, de la semilla del nacimiento, acaso el tuyo o el mio, pero un nacimiento que abre nuevas puertas y nuevos reinos, en una manera de sentir los sabores y los aromas de todo este presente que anida en las grandes orquestas, en los sentimientos mios de ver el paisaje, de vivir adentro del paisaje, también como un espacio de felicidad al sentir de la cigarra, de la mujer, del amigo y de toda la psiquiatría.

Tuesday, September 19, 2017

Todo lo que espero de mis manos es que me dibujen el cuerpo con palabras. Que sepan deletrear el horizonte de mi pensamiento, sin niebla, concretando acaso un abrazo especial con quien me lee. Necesito volcar mi temperamento en este huerto lleno de berenjenas y frutillas, cercado por otros huertos soñados, con ese olor especial de la tierra mojada, que si no lo sientes, la escuchas a ella tocando el citar desde muy lejos, y vos haciendo el amor debajo de los puentes, refugiado de guerra por autopistas, por campamentos y selvas y toda clase de animales y de opio; algo que te diran que es una aventura, pero la mejor aventura es la de tus dedos en el teclado dándole forma desnuda al cuerpo de diamante, al cuerpo solar que atraviesa como un secreto la madera, la tempestad del invierno como si fuera un amor que se desgaja, que se atraviesa, que se ensaya y se pincha y a veces se martillea como los amores inútiles, algunos sexuados, otros inverosímiles que pertenecen al reino de la travesura, cuando el niño aprende a mirar con ojos de niño mas alla de las ventanas, en las cosechas, en los tiempos de venir a cantar sin canto la palabra contra el muro, contra la guerra, por todo el tabacal, toda la arena del sembradío, el paisaje del niño que se desnuda en el paisaje y ve llover detrás de su llanto la mirada que nace en Elena, la propia mirada del acantilado, de su pena en la travesura que insiste con encender la gran fogata, con incendiar el gran mundo para atravesarlo de deseo.
Este libro gratuito que se acomoda según mi propia manera de pensarme y exigirme, yo que trato de armar las piezas sueltas de un juego que comienza con mi padre, con su muerte, su legado. En ese escondrijo que soy, como me veo terminando mi vida, disfrutando de momentos que son mismidad pero también pensando en proyectos que no se ajustan, que no me enseñan a dormir, yo tratando de permanecer firme, de poder realizarme, de encontrar el mundo de mis lectores, de poder vivir de esto como quisiera mi hermano, como no comprende, como soy capaz de no poder comprender mi soledad como escritor sin mercado, sin certamen, con las venas en sangre por hacerme acompañar, por la compañía de los otros, por todo el pedazo de tiempo que paso con los demás, mi vicisitud bipolar, que apenas se corrige, mi debilidad y al mismo tiempo mi fuerza de ir soñando como quijote, en contar una historia subvertida de mamà, que teme lo temerario, de ir por los pasillos de la casa de su hijo, de los tantos caminos abiertos en su cuerpo, de las tantas mansiones abandonadas de su tristeza, los recorridos de la música, los estallidos, las nervaduras; las cosas que hace con los pinceles, con su desnudo como si fuera una flor que florece en mi con el olor de las castañas quemadas en parís, en los inviernos de su llanto, de mi protesta, en todos los mundos que se queman, en todas las guerras que se incendian, por todos los caminos multiplicados, todas las servidumbres para el corazón que se abre y se deleita en los cielos profundos, en los avatares del dolor, de la tibieza de los números, de la razón de existir en las palabras, como si se domesticara de niño, como si cavara una fosa profunda para derramar sus lagrimas, en ese espacio secreto de su infancia, cuando duerme y se emociona y se arrebata y de pronto grita, porque esta solo entre sus muertos, en sus cementerios, hablando de bóvedas, de lapidas, de mortajas, de blanca nieves, de todos los cuentos infantiles, de toda esa muerte en los floreros, esa muerte suave y liviana, como es la muerte de los cielos tempranos, mientras te hablo, mientras te espero y soy un poco como vos, mientras te pienso.

Tuesday, September 12, 2017

Y esa especie de encantamiento que es la ciudad, que es la escritura de tus calles, tus luces y tus sombras; todos tus aullidos, tus lamentos y tus silencios nocturnos. Yo ya no siento mas la miseria, siento que la vida arde, que el llanto es como la mordedura de un nacimiento; que en alguna parte me estoy sembrando de mi propio niño, en la nervadura ideal de un sueño, de todos los sueños como emboscadas de la realidad; el sueño que se mira a si mismo en el pleno sentimiento de un amor originario, como en el barrio de Palermo, en las plazas y en los bares, a media sombra esta vez, acaso tras los pasos que da la gente en mis pasos, todos los aplausos de la platea, esos ensueños libertarios, esas maneras bipolares de sentir en la pintura, en la música y en los libros algo que danza en su propio misterio y devenir, un invento precioso, una ciudad de maravilla como los cuentos de niños, como las fantasias y el mundo en los pasillos, en su juventud, en su voz de madre, en sus manos mágicas, todo resonaría como un poema, algunos lo leerían al pasar, otros se quedarían en la puerta, otros dejarìan una flor o una moneda, pero siempre inventariamos la novedad del primer rostro, la primera escritura en la arena , en las calesitas, en las sortijas bipolares.
Al escribir me desenredo y me vuelvo a enredar de mi propio cuerpo desnudo, me visto con los mejores paisajes, me voy pariendo de mis propios padres a mis locuras de tiempos hermosos, de galopadas en el sol atravesado, de llanuras y palabras en la casa de campo, donde los rascacielos para mirar la vida, los ríos profundos de interminable hojarasca, en mi sala de partos donde me nombran sobre el llanto de una cocina que humea, de una soledad que va creando su propio despertar ,a veces a escondidas en los altillos, con los primos, con las tias, todo lo que fue mi infancia, lo que pude respirar de ella en los ahogos, en las casas vecinas, en las calles, siempre soñando el sueño de los ladrones, de la caceria sin final, de las bibliotecas y los libros y toda la aventura de leer, toda la tentativa de escribirse y no desmoronarse, a veces la imposibilidad de la palabra, los bloqueos para escribir la yegua, la maravillosa yegua del campo, la cicatriz de las cosas que quedaron muy lejos y que se ven a través de una ventana, cuando fue un mundo sin recuerdos, de no poder ubicarse en tu mirada, de no saber preguntar.

Sunday, September 10, 2017

Detrás del reino, la parábola de la traición y de allí, como remontar, como volver a construir los pedazos rotos, algunos que no quieren volver a soldarse; dar la cara para recibir una ofensa, una hostilidad lejana y entonces, la insula dolorosa, las manos del perdón amputadas, crucificado por la eterna condena de la locura, de la que no se habla, de la que se siente vergüenza, la imperdonable locura que te hiere por dentro, tus propios actos que se vuelven en tu contra, una lectura del devenir en otros manicomios, lo que puedes hacer por mi a pesar de todo, lo que me hace sentir miserable, arrepentido, también juzgado por el humor absurdo del dolor, si ya todo fuera una mentira, pero lo incomprensible de tus actos que son como rayos, desiertos profundos en la primavera que se brota en tu cabeza, en la sangre de tus propios impulsos donde cae ese altar que habias colocado en lo alto, tu propio hogar ahora vencido, ahora arruinado en los brazos de mama, cuando en tus brazos se muere también la cordura del rostro bipolar.

Saturday, September 09, 2017

La imaginación vuela mas alla de la realidad, donde te veo parir, te veo morir y llevarme en andas y sonreir en la punta de la mesa donde esta toda la familia reunida. Donde hay imaginación hay un escudo y una poderosa flecha y un castillo y un fuego encendido, porque donde faltas, yo te tengo presente, donde no estas yo te invento. Por todas esas noches estrelladas, noches como preguntas inmensas, de un niño que mas grande, conocería la locura de inventarse a si mismo y verte en el mismo camino con el cielo despejado, con las manos como agua, con la mirada de la dulzura de una diosa, mamà, donde te registro aun en mi interior, tan bipolar como yo, en los enredos del subvertir distancias y familias, en la composición de nuevos paisajes como melancolías, como tristezas que te tengo en mi mas alla de tuyas, apretadas tristezas y a veces como licores, de sabores, de profundas alegrías que levantan aromos y danzas, que te miro, que siempre te miro en tus recortes, en tus angulos, en tus fotografías que son mi manera de abordarte, mi manera de seguir adelante, yo que te resucite, yo que te tengo viva en mi interior, con tu voz de terciopelo, en tu pecho desnudo, como te desnudas para abrirte de la muerte en una ceremonia de sol y mar, para amarte, siempre.
De la mente nacen los cuervos Los que aprendemos a crecer entre ráfagas de viento vivimos atados a las camas del hospital psiquiátrico donde una voz murmura la cuenta diaria de la pastilla de halopidol. Apiñados entre la niebla y el frío esperamos en largas filas el consuelo gratuito del tabaco para perdernos en las galerias grises, las interminables escaleras que conducen al abismo infinito. Somos muchos los llamados a padecer las huellas del mundo dividido. Engrosamos las filas de una multitud silenciada por estadisticas y espejos. En largas habitaciones el hombre olvida sus pesadillas a costa de sueños de espanto, letanías dolorosas y complejas peregrinaciones por la ciudad sitiada. La inmensa mole de ventanas enrejadas lleva la conciencia propia del tedio en una arquitectura mental llamada : hospital Borda. Los límites de sus puertas y sus guardianes son los límites del mundo. Aquí, el imperio de la dolorosa muerte. Allí , la libertad que nos arrancan. Formamos parte de la vergüenza y el dolor de cada familia, somos diferentes, singulares, nos refugiamos entre las mantas con el deseo de ser tan sólo oscuridad. Es el sueño el gran liberador de nuestro sufrimiento, la paz que nos anuncia una libertad que no tenemos. Mañana nuestros rostros serán la galería de un mundo que no quiere saber quiénes somos. Por eso nuestro trastorno es una intuición de la vana indiferencia humana. En cada casa, cada calle, cada pueblo , somos el cuerpo caído en el final de la oscura ruta; cuerpo perdido, juzgado y sepultado en un otoño innombrable y prohibido. A estas horas donde yo he perdido la mirada, queda la habitación del manicomio como un recuerdo laberíntico de señales y reflejos que no pueden ser escuchados o interpretados. Este padre de familia, corredor de mundos por viejas autopistas, choca con la primera ciudad que ve sola y cae en ella y muere en ella, sobre todo porque la intuye fantásmagorica. Solo ve un sol que cae y anuncia su llegada al mundo en un parking de shoping y esta perdido sin una sombra que le señale el camino de su rostro. En esos interminables espejos busca con alma exquisita el desliz favorito de una ocurrencia salvadora para llenarse de mundos, paisajes de la mente solitaria junto al puente del hombre donde siempre descansa su necesidad de palabra. Miro mas allá del sol una ciudad de prisioneros , hombres sedientos de libertad y reconocimiento que son y serán los esclavos de siempre mirando ciegamente los techos. La sociedad celebra al márgen de estas paredes todas las trivialidades que el loco murmura para si como una paradoja. Es que él jamás fue convidado a la fiesta, siempre se sintió dueño de un sueño de palabras que no llegaban a tiempo, muriendo en los bautizmos, en todas las cruces familiares, surgiendo de las batallas, peleando su metro cuadrado, mientras el siglo apura, la gente se emborracha, se llega siempre tarde a todas partes y es la última apuesta, voy entre vencedores y vencidos a la última prisión esposado. Las cadenas negras son mi grito desde donde me apago como una estrella. Así caminé contra el frío y el hielo. Así viví las últimas vacaciones de mi innoble desocupación. Ahora soy la parte de silencio que le falta a una palabra para ser palabra. Y no he olvidado la locura. Santiago Linari

Tuesday, September 05, 2017

Y a veces no se donde poner mi tiempo, donde puedo ampararme sobre la tarde que respira soles profundos o vientos que degradan el caminar por la vereda de Buenos aires, por la ciudadela llena de música y de gente encorvada en sus apariencias, en su videncias dolorosas, melancólicas, por momentos felices. Pero siempre hay que pensar en la dulce compañía, en la madre sola, en el hijo que llora todas las primaveras. Hay que empezar por todo lo tachado, por la mirada del cielo, para atravesar los mares con nuevas naves, a pesar de los números, de los quebrantos, de las sociedades anónimas y de los gritos de todas las profundas acechanzas, siempre es tiempo de seguir respirando, de sacar la parte viva de tanto desastre y la nueva orientación por ese anonimato callejero, por ese hospital donde crecen y mueren las enfermedades, se desviven de ilusiones los enfermos, convidan a nuevas estrategias de rinoceronte, en el zoo de la vida donde el cazador caza a su caceria, siempre verde la magia del abanico en el dolor de los únicos ausentes, los malvivientes de lo mal vivido en las manos de dios, en la tentativa incesante de curarse, de mojar con agua sus heridas en el ciclo que abre el porvenir como una flor o como un huevo que se rompe o como la frase que aturde por el sol que calienta sobre los hombros, sobre el lunar atravesado en la nariz profunda de su desnudo, de su cuerpo doloroso, de su ambicion de tanto dinero que va perdiendo entre todas sus ambiciones se va quedando solo, hecho de simple mugre de ceniza, como porfìa de algo batido entre las olas, mientras llora y se cuece como un fideo.

Monday, September 04, 2017

Siempre que tuviera en sus raíces las palabras, alentaría su identidad, sacando agua de un pozo, siempre alentaría su identidad bailando en un hospital cercano. Seria como moverse y a veces confundirse y replegarse; seria un poco como cuando cocina, sentir su cuerpo encumbrado en el tiempo, en la danza de la sopa, de la ternura del pollo, su cuerpo como un ingrediente mas que trastabilla en ocasiones por el columpio mágico de la conciencia, en la danza del caballero, en la danza amiga y compañera de toda la salud de los enfermos, donde se inclina la tarde junto a tu espalda, junto a tus manos, como que me llama poderosamente la atención esa curvatura de la espalda en otras espaldas, esa reminiscencia de la mirada mas profunda, esa invención de las manos aunando voluntades, siempre con todos, recorriendo el circulo de lo que se bailara después en otras danzas, porque donde hay danza no hay locura, el cuerpo esta como ceñido a su movimiento espectral, a su deseo de ensamblarse, de la mirada en los otros, de los brazos extendidos como poemas que se escriben al pasar, con el sentimiento del fuego, del pájaro que por un momento puede ser si mismo como pájaro hombre, como lagarto o como perro, un regalo de la vida, una celebración, un homenaje a todos lo que intentan crecer mas alla de sus heridas, con sus dolores a cuestas, a veces murmurando los propios episodios, las grandes caídas del corazón, donde llora la niebla su melancolía y desespera pero también canta y se asombra, se levanta gracias a todos los que ponen el hombro por el, a todos los que hacen fuerza por levantarlo y el lo siente y el se mueve y el reconoce la huella de la vida, la pasión de renacer.

Saturday, September 02, 2017

Sucedió un dia, que no podía hablar, y tenia dos hijas y las abrazaba y ahora escucho la música de ese abrazo y a veces me siento callando, por no haberme merecido yo niño, acaso por todas esas desprolijidades de ser un poco papa y un poco enfermo, atravesando rutas con ellas, también atravesando edades, como si fueran pedazos de juguetes rotos que armamos y desarmamos; pedazos de sueños comunes que se cumplieron, de amores rotos que se fueron como un silbido o como en una pantalla de cine los amorosos enamorados de siempre, los grandes inviernos musicales donde la aventura es el frio de los besos que quedaron congelados, el abrazo a mis hijas es como el abrazo a una gran montaña, es como una casa con un fuego encendido, es como todos los abrazos, único en el paisaje de los grandes océanos , de las batallas por la salud, cuando la mente lucha por desasirse de sus propias tormentas; es un abrazo como un puerto, como un barco, un abrazo necesario para abrir las mañanas, la lucha de los escarabajos en la arena, el tiempo del devenir hombre, padre e hijo para siempre.
Hay muchas historias atravesadas en los rincones del muro, donde a veces las palabras resignadas se sublevan porque el mundo familiar deja huellas de otros mundos que quedaron aplazados. Por eso yo juego con palabras en el puro instante y me dejo llevar por el latido de una rosa, de noche, en ese país de los columpios, me dejo atravesar por el deseo de una mujer que me duele, como si quedara ensartado en mi propia locura de merecerla o no merecerla, todas las manos para sonreírle de la mejor manera ahora que escribo mi condición bipolar, que trato de detener mi condición oscilante, de no dividirme, de no representar al caballero de las moscas. En fin, ese mundo de playas interminables, de paisajes difusos; ese mundo que me contiene en la red de Indra, en el corazón viviente de su lazo sistémico, por las esperadas mansedumbres, por los reflejos rebeldes, por toda esa paz que celebre en mi interior y que me supe ganar detrás de los cortinados de mi dolor, en aquellos encierros sufridos, en el tedio de las huellas del horizonte, de la eterna madrugada, de la penumbra en que me tuvieron arrojado.

Tuesday, August 29, 2017

Y me aleje de mi mismo para echar mis pedazos en un rincón, y que se lo comieran los lobos, todos esos pedazos de enfermedad, toda esa vida al garete, flotando a la deriva de un poema, de un paisaje que se abre a los cuatro vientos de la locura y que se siente como una emancipación, como una fiesta y de pronto soñar en medio de los libros, perderse en una novela, por amor quizás a esa mujer que te hace sentir mas joven y que sobrevuela tu camino, a la espera de tu desamparo, de tu ser vulnerado, como si hubieras despertado en el medio de un gran mamarracho, hablando de la maternidad, de todos los padres del mundo, del pecho fecundo y continente, como es el pecho del mundo, de las ciudades, de los pueblos en la madre que sangra, en su futuro, por todas las frias sombras de los ataúdes, por la ultima blancura que se deshace en la mortaja, en tu risa que rescato, en tu andar como andan los hermanos solos en los pechos malditos, los que no pueden nombrarse, los eternos pechos de la muerte que habitan lengua arriba, en la mudez, donde los planetas se circuncidan también eternos en la noche que ella llega para morir con su vestido, para nacer con su vestido, para dejar una tierra sabia, una firma, una señal en la memoria viva que la restituye, que la trae de vuelta, que la deja para siempre viva entre nosotros por un amor quedo con los brazos amputados, como la familia amputada, por todos esos desesperos neutros, esa agonía de morir desde siempre con ella, de no conformarse con otras cosas domesticas si faltaba su mirada, si faltaba todo.
Alguna vez estuve en el vientre, junto al sol, y ahora respiro y soy. Me acuerdo al nacer todos mis nacimientos en la calle, en el fulgor de tus brazos como ciudades, como ventanas o sonrisas. Yo me dejaba pasar, yo iba adelante, me gustaba ir con todos, moverme en el tiempo de la ciudad, en el corazón de los colectivos, me gustaba ser parte de un gran sueño, de un embarazo con los cinco hermanos de las manos, de este trastorno que imagino, de esta marea bipolar como una gran marea de los tiempos, de los huracanes de la memoria, siempre de tu mano con los cinco hermanos, mezclado en el nacimiento de los abuelos, que no tuvieron, que apenas esperaron la muerte fugitiva de los caracoles en tu sangre de madreperla, donde yo me escondo, siendo niño, con mis cinco hermanos, en la cuerda floja, confundido, siempre callado en tu grito desesperado, en tus manos abiertas donde el canguro, donde la panza, donde sancho panza, donde el quijote y mi mujer y mi soledad en la sangre sangrando en bicicleta, pariendo sangre de mis cinco hermanos en la locura de mi sangre, de toda mi muerte vapuleada, centrifugada, olvidada a palazos, de lo que no se puede decir, de lo que hay que callar desde siempre, por los tios, por los primos, por los cinco hermanos.

Monday, August 28, 2017

Yo tengo miedo del firulete de la locura, que me llevara por las alambradas, hacia destinos oscuros. Me voy a defender con la música, con los libros, con la pintura y si pudiera dibujar un pensamiento claro, luminoso, un tesoro de mi mente renacida, para encontrar mil veces a mis padres, para buscar en ellos el refugio, la cuna, la sortija que me haga salir de toda esta melancolía, esta soledad de mi cuerpo anudado en la tierra, en el vientre, en el ombligo como una manzana, como un dios que busca en los resquicios su futuro, la marca de su llanto en sus manos, la avaricia del tiempo que lo deja solo en un campo de concentración. Y buscaría nacer en el agua, en su sonrisa, entre sus piernas, buscaría la suerte de Juancho, las manos que me dieron y no se olvidan y las tardes que caen en el cementerio y todo el mármol de las bóvedas y los pasamanos en los ataúdes, yo cantaría la muerte para volver a caminar mi nacimiento, las bodas inconclusas, los anillos, las ultimas palabras que se llevo la arena, yo iria con ellos medio ciego medio mudo, pero volveria a nacer para escribirlo en la hondura del barrio, en el saberse contenido por su risa, por el mundo de los hermanos, de las mucamas, de los perros.
De todos mis recortes, asi como bailo y camino por las calles, en mis pensamientos que alzan vuelo logrando climas, territorios, serpentinas como poemas del cuerpo desnudo, como un viento que trae el nacer para cubrirse de madres, de tierras, en la mirada del sol, por todas las costaneras que dejan abierto en paranà el mundo de los peces, de los sueños impecables en otras camas, con otras mujeres, siempre seria el espacio de un porvenir como un beso, como un abrazo y seria también la manera de encontrarte, también de buscarte en esas salas perdidas donde te vi llorar, preparándote para el electroshock y después quedarías como temblando de miedo yo te imaginaria asi, sin que tuvieras a quien, llorándote como te lloro en otra sala del tiempo, pero habría mujeres y serian un poco como vos y estarían todas colgadas de la misma locura y todas querrìan ser un poco tu llanto, perdida entre los peces, por una costanera con un cochecito y por todos los mundos posibles donde el dolor, todo tu dolor y el nuestro, que nunca pudo ser dicho.
Me sentía un huevo frito cuando me dieron el diagnostico, pensé soy mucho mas que este pedazo de ser soy además mi gusto por la lectura, mis caminar las calles, soy huérfano y tengo adentro mio los padres que no tuve, llevo en ellos mis sueños, mi manera de volcarme en el presente hacia todo mi sentir, todo mi emocionar con los arboles y la gente, todo mi ser desnudo en las canteras, mi ser de grito en las penumbras, en los manicomios; soy un pedazo bipolar mezclado con los ingredientes de un libro, de una biblioteca, de un pensamiento. Y a veces sangro por el lado loco de mi propia medicina, que es pasar entre los demás como siendo uno mas, quizás un pájaro que sabe cantar o un gato, no lo se, pero el tiempo a veces me juega una mala jugada, me dejo embestir por el destino , el tiempo me lleva aguas arriba en un mundo donde hay toda clase de dolores, toda clase de aventuras, de viajes imaginarios en tu barrio que es como un planeta, acaso una mágica esperanza de verse sucumbir en una cama en un planeta bipolar donde cabe el dolor y cabe también mucha alegría para reverdecerse por completo como la espuma verde de las olas, como tu madre verde en las avenidas del parto, pariendo siempre margaritas eternas invenciones y llantos y quizás un eterno contoneo del cuerpo en la marea de los hospitales.

Wednesday, July 26, 2017

La manada resiste vida arriba acariciando el sol de la ciudad. La manada aguanta sus duros golpes, se inerva, danza su martirio, su crucifixión, dándole al guante de las únicas cosas que valen la pena, en el asiento trasero del auto o en la bicicleta, sigue su ruta en la espalda, en los ovarios del mundo, en el territorio colosal de una ficción como la piel, donde el sueño abre canaletas oxidadas, estambres de viento. Ir corriendo detrás del sentido para todo lo que ocurre en la forma, en la manera de anunciar un territorio, en la voz del plexo hacia el sol, hacia las grandes aguas marinas o los portales con sus pasillos y sus malvones. La película donde se muestra como nace su delirio adolescente, en las miradas y en los pliegues de las alfombras y los cortinados, en el llanto, en la luz de los paredones, en las cercas, en los relámpagos del miedo, saber hacerse y poder decirse en una tentativa de actuación, en la insolita canallada del destino, donde ve atravesarse sus voces, sus intenciones, sus sueños.

Saturday, September 12, 2015

Suerte que estabas pronta, tan chocha y dormida en el huerto. Apenas alcanzaban las zanahorias y los rastrillos, la ilusión de una cosecha de palabras donde el sol calentaba los silencios. A veces me cansaba de esperarte, no sabía que decirte e inventaba algo por las dudas. Entonces salía de caza por las noches y te dejaba sola, durmiendo. Sabía de la dulce compañía del fuego, nuestra hija soñaba con praderas, con girasoles y alamedas. Yo apenas te nombraba y me escondía, como con una sortija, me replegaba en el sexo. La tierra estaba caliente de cacería, de sangre de liebres que se comerían como chupin los burgueses, en alguna aldea de Alemania. La vida de guacho me hacía gaucho, estaba pronto a enfermar de soledad por un fuego que no lograba encender. No me animaba a mirarte a los ojos, tenías demasiado viento adentro, como si estuvieras encerrada en una caja de golosinas, te tenía miedo. Por eso me inclinaba a la perra, me dejaba ir por las mañanas en una especie de ensueño y dejaba palpitar mis deseos junto a la lámpara y dejaba que el libro dijera lo suyo, sin poder imaginar, con la mirada a cielo abierto, donde reposa el hornero, donde termina la alambrada, nuestra relación era un cerco con un animal muerto en el centro, teníamos la pasión de las banderas y los países pero dejábamos detrás de los cortinados nuestros anhelos, casi como una sospecha, como una persecución éramos rehenes el uno del otro y a eso le llamábamos amor. El campo nos ligaba a la eternidad, con sus aguadas como acuarelas, con sus juncales, sus amarillos intensos donde no pasa nada mas que amarillo y un celeste de los cielos y un pensar como vacas o caballos, un pensar perdido de paisano mirando el infinito, preguntando al horizonte “¿dónde dejaste la palabra?”.
He practicado la desolación. Caminé por el mundo, extraviado. Buenos aires cambia de rostro según los acontecimientos; es una ciudad que se muestra esquiva, ruidosa, de alma gris y largos inviernos cuando cabe la traición y el desamparo, cuando en sus muros reina la soledad como una agonía, como el invento de un mecanismo para morir, un veneno que gotea. Corrí por viejas autopistas y paradores, por la ruta de los palacios, por los campos nevados y las aldeas y ahora que no estas, solo encuentro una forma de nombrarte entre plazas y arboledas o trenes que atraviesan la noche de tu mirada con el misterio de tu cuerpo, voy de ciudad en ciudad y me llevo lo que sos en la música distante, en tus manos de arena, mientras caigo en el humo de un saxofón, jugando a las cartas con los gitanos, adivinando el tarot de tu llegada a la estación, con el cuerpo lleno de heridas y silencios, justo cuando tocan la música de tu grito en alguna distancia de los caminos de tierra en el campo, del pueblo de Silvia, del gremio de los panaderos en tu pan recién cocinado. A veces me justifico a mi mismo como si fuera una mancha en la pared, me dejo llevar por la soledad y siempre recalo en una habitación pequeña en un departamento de Avignon, llevando mis valijas y mi tristeza. Recuerdo que Utrillo pintaba esos momentos. Yo he soñado con buhardillas y he vivido en ellas, con la precariedad de un inmigrante, con las pocas palabras de una ensalada de palabras, sin poder escribir, sin relacionar la mirada de Anita y mi propia mirada, cuando la encontraba en la calle y la perdía de noche y volvía a encontrarla, años mas tarde en una huella del recuerdo, en la memoria de un encuentro en mi propia memoria, apenas un roce, una sonrisa, unas pocas intenciones, un poco deseo como para ir aguantando, tan lejos el ejercito y las armas, tan lejos las barracas, la vida de soldado, el desayuno caliente y el pan de cada día y atravesar Alemania en una noche, perder el sentido del lenguaje sumergido en otros idiomas, vivir en el límite del vacío, con la mirada siempre puesta en el más allá, una especie de infinito en el lugar del deseo, sin llegar a compartir nunca nada, la eterna nada de nadie en un destello de lluvias y de luces, en hoteles mal pagos Llevar el propio cuerpo como quien lleva un cadáver y la rosa extranjera, el mundo tan ajeno, la mujer como un cortinado o una lámpara que reposa sobre la mesa de luz, abrazando el encuentro a veces, perdiéndome en otros brazos, en un silencio lleno de mutilaciones, de heridas profundas como el tiempo, como la vieja calesita del consuelo, sin sentir más nada, solo empujando el viejo carro de las palabras, arrastrando las palabras como piedras que se arrastran, como viejas hendiduras que duelen en el plexo, un recorrido por el deseo de ser alguien al borde del camino como en las novelas de Kerouac creer que toda la sabiduría consiste en ser autosuficiente, llevar al extremo la supervivencia, vivir apenas como se puede con la inquietud de no poder ya mas.

Thursday, September 10, 2015

De los cuentos infantiles, de las lecciones perezosas, de los sueños que nunca se terminan, color de la niebla y el acero, escudo en el medio del temblor, espada que se derrite al fuego, en el trabajo de la zafra, donde hay mil preguntas de miseria, sobre la espalda de la mujer que junta caña y se entrevera, las manos callosas del desierto, los ojos como arena, la mirada de ceniza en el vasto cielo de los colores azulados; limpios colores de ámbar, secreto gris pardo de los nubarrones, verdes como albúmina, como gotas acartonadas o restos de fideos con salsa de tomate; para la parrilla de los negros carbones que chispean como ojos en la retina de tu encorvado cuerpo, en todos los falsos horizontes que saben a penuria y a llanto por la glosa que miente su infortunio, entre mis palabras que apenas pueden dibujar el circulo de la pobreza, ahora que el tiempo va sacudiendo la dentadura de los aires de cenicienta y mil zapallos, como carrozas, para domesticarse junto a la escoba, blancanieves encerrada en la cocina con la ilusión de un baile, juntando los restos de comida, con la ilusión de un príncipe, un viento favorable para dejar de dormir eternamente en la tristeza, un traje de princesa y un zapato, las ganas de estar del otro lado del mundo tomando sol, en el agujero donde hierve la bragueta del rey por millones, por corazones perdidos en la noche junto al camino del vino, cuando el mundo es pura sombra de heridas de infancia y viejas cartas familiares, que se leen en los rincones del llanto con el recuerdo de otros paisajes, de otras montañas y cuevas dibujadas y mareas asesinas, con naufragios inexplicables, con el terror del tiempo que atraviesa galopando la memoria de una pampa con alcauciles, con dedos de paja, con murmullos de cigarras y grandes arboledas y tazas de café y mucha espuma y migas de pan en el mantel cuando comen los abuelos y los nietos y ya no hay pájaros, solo mujeres encinta, esperando la navidad, en esas cartas de papel amarillo; cartas que saben a yerba mate y que despejan la acidez estomacal de la pena en una nueva situación de luna llena.
Este puente que arrima las distancias, esta mirada que atraviesa los silencios con voces de molinos, en las manos del mundo, de las comisuras de los labios, y el deseo de un cielo inmenso, de los cuerpos atravesados por la tormenta, del amor hecho agua y harina y pan. De la música y el relámpago por todas las cabalgatas de la infancia, por una casa sin nombre en el medio de la pampa, por el olor del barniz, por el barco a vela que agita las aguas de la memoria, porque sé quién sos cuando ya no estas, en el doblez de la ausencia, tu presencia junto al camino, junto al pueblo, por toda la sed de tu signo libertario, por lo que me toco aprender a tu lado, por las escaleras de tu nombre, por el misterio de tu risa, por los pasos en la niebla tocando paraísos e infiernos, trocándome en huella, en escritura de arena, en palabras de corazón, palabras festivas y de duelo, tiempo de la música de la sangre, sombra del amanecer, futura raíz de tu plegaria como un limonero que estalla en limones, como una vasija de cerámica donde reposa el vino o el licor de todas tus heridas, lo que se anuncia con la llegada del tren de otros mundos, atravesando idiomas y paisajes, ciudades y aldeas con un sin número de pasos en las sombras donde estuve esperándote y no llegaste, donde te hiciste invisible en mi anhelo por abrazarte a través de los países, de las autopistas, de los campos de lavanda y los Alpes y el Mediterráneo, en qué sueño de trigales y girasoles apareciste, mientras te nombro con el nombre de todos los espejos, con las mañanas nubladas de Buenos aires, te nombro en mis calles desarraigadas y solas, en mis calles habitadas te nombro, en mis calles tristes y en mis calles alegres, en mis escaleras al sol, en mi canción de invierno por el país de nunca acabar, por el país doméstico y familiar, por el país que todo me lo da y todo me lo arrebata , por un país que no entiendo y que sin embargo cuelga de un cielo brillante y luminoso, como puede ser luminoso el mundo o como puede ser de oscuro y sin amor. Vuelan pájaros llenos de misterio y de melodías. Hay uvas en el desierto para alimentar a las sombras que agonizan. Hay esclavos que luchan por nacer. Hay marionetas y animales silvestres y hay muñecos que saben a muerte. Lo mucho que saben los gatos porque se saben en el precipicio de tu dolor, lo mucho que saben de tu dolor por esos nombres desordenados que llevan las cosas, en tu propio nombre desordenado. Lo que deja al sesgo la luz, como una aparición donde cuelga tu sonrisa de una hamaca, con una canasta llena de pan, tu sonrisa.

Wednesday, September 02, 2015

Mi hermano. Sobre la llave oscura el estandarte de la tarde a la hora de la siesta. Sueña con el analista, con el sol de medianoche, sueña que pela la pelea de patatas al viento, como cachiporra o gallo que avista su vista en los ovarios. Sueña su corola de espejos, de semen como nubes atiborradas de pelo, para lo infinito de las montañas con sabor a borravino, de los secretos anónimos silenciados, parís de todas las sombras en el césped, huevo pasado por agua de la rosa amarilla como la espátula o el espantapájaros esdrújulo para variar de gramática, los muertos en el dia del cumpleaños, los rosedales en bicicleta, rondando la ronda de la vida por eternas autopistas de nunca acabar, mi hermano se ata la cabeza al mundo en un parador hace ravioles se ata a la memoria de su duelo, de su mujer embarazada, de su único hijo en primavera, con la panza de mil esperas, con un ombligo desesperado como una garganta dispersa, como un embrión que duda al darle por nacimiento una naranja, un limonero de pechos de luna para la dentición precoz de todos los silencios, mi hermano arrebatado al fuego de la protesta, en la clásica ternura del delirio, metido en la botella de la locura por un camino de palacios y de ríos, por un viaje de nunca acabar, la bicicleta colgada del recuerdo de papá, la montura, la yegua, la noche , la pradera y un canto apretado en los silencios, en las galerías invisibles de los nombres, de la memoria incesante de los tiempos recobrados, del otro en el que se mira y se recuerda por un puñado de sal todas las playas, todos los mares, las manos de la marea viviente como la espina de una rosa o el clavel de la historia en tu rostro, mujer de nieve, presencia inmortal de la imagen de los heliotropos en tu imagen, la música que recorre tu recuerdo, todos los amaneceres juntos en la alegría de tu mirada, en este momento donde las palabras, llenas de girasol, embarazadas de un hijo que habla, se truecan en mundo, en vivencia de espuma marina, de todas tus presencias fugitivas, laborando por un sol, por un concierto de luciérnagas, por una infancia de pinceles y olor a trementina.

Monday, August 31, 2015

Por la dulce compañía de los angeles. Por las noches suntuosas. Por el camino que atraviesa el parque de los sueños. Por tu nombre. Por la réplica de tu mirada, siempre alcanzando la mañana florecida del lenguaje, siempre batallando con la lluvia y el arco iris, por un renacimiento que lleva el código de la sangre y la leche del pecho del delirio, como canto nocturno junto al fuego pariendo la piedra del ojo, el cóndor atravesado por la piedra de su embarazo, cuando siente una murmuración que viene del útero, cuando viene a nacer justo detrás de las sombras, como algo ridículo, como una pestaña mojada en palabras para ser mamá de tantos tiempos, con los zapatos de hule gastados por la temperatura, de la piedra que grita mientras sale de su cuerpo como un orangután vencido, la boca llena de rabia , morir sin darse cuenta y estar a merced de los médicos con las piernas abiertas en la ceremonia de las sábanas y los algodones como quien quiere llorar y no puede, atravesado su cuerpo por el deseo de la palabra, sangrando por decir algo, una ocurrencia de tijeras y gasas y camisones, con los pies frios espera que llegue la noche calma en el jardín del fondo donde el doctor sacude a la rosa, al niño recién nacido como un pan, de la cabeza mojada en aceite, con el olor del estiércol de las cabras, un perfume que viene de los corrales y los rincones de los techos de chapa, de los ranchos de adobe, de todas las manos como soles. Sentir la membrana pegajosa del delirio y no poder y quedar a mitad de camino, en eso de ver la parte del desierto mientras da a luz y regresa al temblor de su locura, en el sitio de los relojes donde resuenan los muñecos, la caída en el desasosiego, puja el fruto de sus costillas, se devanea en estertores profundos, como barcos encallados, también los silencios de asombro, dentro de la crisis como una pantalla que abre al corazón y muerde al hijo y lo amamanta para la pena de leche de los escombros de la palabra , para invadir el fuego de la serpentina de sus ojos, mirando el libro, apagando la vela con una caricia profunda como un lamento y se va muriendo.

Saturday, August 29, 2015

Mi casa esta llena de luz y crecen en mi refugio plantas exóticas, verdes de melancolía. Pero el recuerdo me acerca a la ventana, cierro las puertas que dan al tejido de las calles, cierro todas las válvulas de escape y abro el amor como un paraguas o una vaca lechera para hacer sentir la temperatura del cuerpo, tan musical como la quena que suena en esta montaña de la memoria de su beso en el aire florecido, de la memoria de su mirada perfecta, de su deseo marítimo encallado como un buque en el puerto de su nombre. Cuando la evoco ya no soy yo el que escribe sino ella, jugando a los dados de las palabras, a veces con tristeza, pintando las paredes del living, derramando con los dedos la pintura del pasado en esa cama desplegada donde nacen las sombras y todas las mareas, con sus anillos circulares y sus preguntas y su sonrisa que siempre trae aires nuevos. Yo se que ella está de mi lado, lavando la ropa de los secretos, reviviendo el dolor de las campanas en todo lo que hierve junto a la campiña española o su delantal blanco, un poco como si fuera doctora otro poco como si fuera maestra, acaso en un temblor que siento como propio, mi vida se amplía, en mi eje siento que estoy de verdad batiéndome con todas las literaturas por eso de haber andado tanto tiempo jugando a las escondidas, con otros chicos del silencio, en otras aventuras de la tristeza y el colmo de los paredones y los palomares. Fiel al pensamiento no quiero soltar la idea de pensarte, de imaginarte, de actuarte tal como te veo en todos los horizontes del gesto y la palabra.
Todo sobre la fase lunar. Ella estaba desnuda en un mar de mertiolate, ella se agitaba como el viento, como el tiempo, como una renuncia de ser en la almohada ajena, en el capricho español sobre el edredón de pana. Ella almibarada. Ella alicaída por la fuerza de la palabra, jineteando el tedio frente a la ventana de su dormitorio, comiendo un yogurt que sabe a manzanilla, por los acoples, por su estatura, siempre recorriendo el mundo como si se tratara de una manzana, la luz llena de labios, los muñecos a la intemperie, un embarazo de tiernas madrugadas y fuegos en los ojos azules, en la canción de cuna en la que desespera como si fuera una maniobra de anillos o sainetes, en el pelo vertical donde se van apagando los sueldos y las escaleras con los miembros amputados, la noble verdad de haber nacido para que mientan las estrellas, para la verborrea que se repliega en un fruto o en una hinchazón, las lágrimas que dejan descansar una mosca en la mermelada, jugando con los matices para ser el rescatado de la aurora, en el templo mezquino del odio, todo es naufragio menos la arpillera que cubre el manto de los niños, la bestia que se deshace como se deshacen los mundos, a pura temperatura y lluvias y ciclones, como se suele llamar lo podrido que se va resolviendo en semilla de loto, en el medio del pantano, las vísceras, el sol, las manos apuñaladas, el pobre enano que se conmueve con el caballo blanco rocía las puntas del pespunte de la palabra de papel que es como tu mirada , como tu sonrisa llena de sándalo, los pies desnudos, la porcelana, el terciopelo, la túnica que estalla en rojos y amarillos, siempre que llegas del lado de la dicha es como si estuvieras buscando algodones en las heridas, en la vieja zafra donde vas trabajando hasta que quema la miseria, los verdaderos trujamanes, todos los titiriteros alineados para hacer morir los muñecos sobre las olas asesinas, si tuvieras al borde del parnaso el dulce jazmín de los sueños a la luz de una vela yo te daría el aire de mis pulmones como quien da la vida en el plexo de la luz solar, en los dedos musicales, la raíz originaria de esta tierra bendita en las manos que arrancan el nombre de la muralla, en la edad de la vejez que se va llevando como un socavón, con los dos bastones para irse muriendo por las veredas, con la piel como un mapa lleno de montañas y llanuras con cielos grises de vejez, con olor a tabaco, con nubes que se parecen al pergamino, con botellas llenas de anís o corazones de viejos ombligos de nieve, ombligos apretados, que suelen balbucear el nombre de la placenta, la cabellera anochecida por todas las banderas desplegadas y un nudo y un muro como la palabra realidad de tenazas o martillos para golpear las paredes de tu grito en ese árbol que renace cada día como el último árbol de la madrugada.

Thursday, August 16, 2012

Cada mañana se va haciendo con pequeños pasos o torceduras en la escala del fagot, si te importa el cielo donde abundan las flautas de la invención pero si descubres un perro en el rincón de la melodía es como decirle a la locura que navegue o corra por otros pasadizos de palabras en el juego de ajedrez y serán las torres emblematicas la corazonada de los diarios toda la brujería de los acontecimientos para alcanzar el llano donde la vista se pierde sin estar colonizada en una incertidumbre de abejorros y caballos barcinos porque te devuelve el tiempo la miseria de correr contra todas las polleras y todos los atajos tomando del agua de la escritura en tu eterna melodía silenciosa. Escribo por la anatomía de los anocheceres por los huesos de cada mañana por la sopa agradecida y el zapallo y la verdura escribo entre renglones y regletas ubicando el misterioso universo de las palabras en los zapatos de taco alto donde se confunden las tuberías del amor con todos los espacios de la nada por si quisieras caminar flautines agudos noches de sombra como extraños cangrejos bipolares haciéndote cargo de un diagnostico de maizales y de hambre que se va encerrando en las corcheas como si fueras un espejo o un perfume donde va quedando el siglo traspasado, viviente, en ayunas, por las mañanas de redención del sonido que acostumbras, en maderas insólitas, porque viene una armadura y te quiero con mis ojos vencidos por el fa sostenido de mis sueños.

Tuesday, July 24, 2012

El útero es un paisaje solar que se lleva toda la vida, es una estrella de agua marina que envuelve al niño que soy sobre tu mirada de madre. Es que estoy adentro tuyo palpitando mis océanos y en cada noche floreciente con aromas sutiles me dejo temblar de placer por un cuerpo que me posee. Madre: déjame dormir en tu pecho, aliméntame de locura y no de encierro, dame tu primera palabra con un flautín o una armónica déjame descubrir la música que hay en tu mirada cuídame de los golpes, por favor, cuídame de los muertos madre que eres el horizonte que todo lo abarca Yo no se nada de partos ni de sangre, madre yo tengo tibias las manos y duermo en tu regazo con una canción de cuna que nunca olvidaré siento mi recogimiento de niño en torno a mi nacimiento y a veces entre llantos el milagro de tus caricias como el mar apacible caricias como olas ondulantes como huevos de avestruz como guitarras o mandolinas Tengo un complejo de Edipo tardío escribo sobre un útero que me envuelve con la mirada de un pintor de paisajes sobre un pecho lleno de leche para dar los primeros pasos de niño antes de tu muerte y me descubro mayor, ambivalente, lleno a veces de pereza con mucho sol en la garganta con mucha sed de paraísos para caminar en las baldosas de mi barrio las calles luminosas, los edificios como fantasmas de una comedia Y me dejo ir por la caminata observando a través de las ventanillas del colectivo como sopla la vida en la gente de la ciudad y en las enramadas del invierno voy descubriendo los fríos mas intensos y me refugio en tus mantas en tu cama de mujer y de madre con ese camisón blanco con esas piernas largas y flacas con esas manos como lunas con esos párpados cerrados que son como los párpados de un ángel.

Saturday, May 19, 2012

Para comenzar hay que demarcar un círculo sobre la sombra siniestra y dejarse estar mientras acontece en los labios el rubor del miedo sobre la calavera. Los párpados inquietos dejan la mirada sobre el vértice y en cientos de mágicas acechanzas se ven partir las palomas blancas desde los mármoles fríos, en los cementerios de mi infancia. Cómo subir esos escalones del tiempo sin prestar atención a la mordedura blanda de las ciudades, a los campos abiertos en sus venas, desplegados en sus sienes, como cuerpos divinos, atorados; que se sacuden al alba sobre la realidad del surco y es un gimoteo de gaviotas y una tierra desenterrada, es como el olvido detrás de los trigales en el centro de la sonrisa donde se atasca el miedo junto al aburrimiento. Yo puedo decirte tantas cosas. Vos podes escuchar tantas ocurrencias que saben a nido que saben a empolladura. Escribo para imaginar estos ataúdes. Me siento cómplice con la muerte. Su palidez no me desconcierta, al contrario, de su realidad tomo nuevas energías. Hay heridas secas en mi cuerpo. Mi cuerpo de agua, mi cuerpo de peces rojos. En la noche abunda el misterio de las soledades. Dentro de los cajones las voces ocultas y derramadas como el vinagre. Hay dos huevos fritos en el plato, hay sal y manos que alcanzan con sus cubiertos el juego del absurdo. En sus raíces estas embarazada con un bebé mordaza, un bebé que nace del llanto; de la probeta de bebé, alcanzado en su probeta y dinamitado como especie en una cama y un colchón lleno de corazas. Y todo esta tan mullido en un después y es tanto mas generosa la vida como este misterio, estos nervios opresivos que se transforman en calma y es que estoy aquí y sostengo con mis manos el biberón de todas las noches imposibles.

Friday, May 18, 2012

La niebla rasga los objetos con su corazón de ceniza y hay en los tormentos un dolor, una agonía de zapatos viejos, una penumbra de inquietudes y tristezas como tantas banalidades o palabras confusas, multicolores, dichas para exasperar a la especie de los caracoles y su nacarada realidad marina sobre la ola que atestigua de otras verdades, la tumba forjada sobre sus cabellos, el reloj de arena de todos sus inventos y sueños. No hay cosmovisiones circulares; solo hay un embarazo inútil que se palpa entre las ingles con la persistencia dura de un naranjo, la belleza caduca de una flor y la espera tortuosa de una sonrisa que nunca llega a tiempo, como si la niebla rasgara una hoja de papel socavada con el sexo; mirando al centro de otras pinturas reales; manchones negros y rojos sobre arboledas consumidas; esqueletos que hacen daño sobre el mármol frío y sin vestigios, los bordes de porcelana que se atascan sobre la tetera de la infancia con tantas canciones sublimadas. Y todo estalla y estamos en una madrugada delirante, con el corazón puesto en el movimiento imaginario, donde la pereza va abriendo dulces fantasías y redobles de gargantas estrechas y caricias como paseos lejanos o metáforas que te circundan en las llamas abiertas del dolor, cuando te apagas libremente como una lámpara de cristal, para nombrar tu falta de luz y desasosiego, planta la ola una maravillosa realidad de ensueño con transeúntes como siluetas o personajes de cartón piedra para armar el abalorio de los papeles y los cantos; llaga de los murmullos, pretensión de una tierra sin formato que se visita con los pies descalzos.

Thursday, May 17, 2012

Y esta tarde que se desliza como un pez en el agua, que se abre como una rosa callada y pálida, con la fuerza de un señorío o siempre rompiendo los rituales de origen, la guerra de los pimientos, los mil y un enseres para caminar bajo el sol de verano, el dulce canibalismo de las palabras entretejidas; las palabras de arroz que se quedan como heridas en la superficie del lago donde va a posarse un mosquito de significados comunes como platos de porcelana o lentejuelas de maravillosas costumbres árabes en las mazmorras insufladas de las palabras inventadas como coños de ternuras indirectas y los repliegues de la apariencia siempre torcida de tu mutismo y tu raíz que emerge de las aguas celestes y lunares, donde hay sexo para contar cuentos de piernas desplegadas como alfombras o pechos musicales como estandartes o penachos rojos de territorios amigos, de dulcineas confrontadas con la realidad que titubea; la realidad más prolija y húmeda como los quesos que se estacionan patas para arriba, así les entra el aire y los cuece por dentro en sus durezas, así son las mordeduras del santo que prueba el escalope de la mirada vecina con el sabor del riesgo recién tomado en consideración siendo que las hazañas ya han comenzado a dar sus resultados en el cuarto de los trastos viejos, entre las camas desarmadas y los sillones donde abunda el calor y el aire respirable de tus comisuras y tus antojos hace a la belleza congregada de todos los mugidos celestiales y femeninos. Somos inexistentes a la hora del acto. Como mudos conciudadanos que nos replegamos ante el incesto o el horror de la virgen vislumbrada. No me hace gracia la variedad de nietos que pueden nacer de toda esta tortilla diminuta. Mis órganos se deleitan con la pleura de un dramático sueño de esponjas. Y en las inmediaciones de un territorio vacío despliego mi posibilidad hasta hartarme; mis venas van corrigiendo los errores cometidos por una razón que se da al hastío como a las corazonadas mas tristes. Dentro de la penumbra gris hay un labio gigantesco que ocupa los márgenes del sol. Adoro los movimientos de orbe de semejante órgano y me desnudo y camino por la habitación resentido y atribulado por los atemperados y diminutos fulgores que despide. Me siento a pensar en mi país y solo descubro un desgarrón inquieto, como una mordedura incendiaria que no le otorga a mis versos ningún significado. Entonces la realidad viviente opera por el lado de mis fantasías interiores, en mis invenciones y descubrimientos. Allí la voz que se agita señala el rumbo de los parques y los lagos; los caminos alternativos de la poesía donde quedan atrapados los mundos y las canciones. Cuando los cometas limpien la voz que articula el universo en un jirón de nardos y las manos congregadas respiren afines a los templos y a los cortinados, se hará la verdadera confluencia entre la realidad y la belleza secreta de tus calles y tus leprosarios
Déjate llevar. El corazón templa cada momento de tristeza. Dividimos los pasos en series. Aguantamos la tarde recuperando el aliento, rellenando con palabras vacías las voces acopladas del miedo, en un rincón donde se alza la melancolía como una bruta intemperie de pájaros hambrientos. De mas está decir que te llevo a un lado del cuerpo, como un jinete que deja escapar la osamenta del vértigo, en el azar de las cosas dichas, la oportunidad de reconocerse en un sueño; como si golpearan los caballos con sus cascos el sonido de la muerte que se acerca, la última piedad, quitando el mundo a tirabuzón como quien barre la pintura contemporánea y ensambla un juego de significados aparentes, escritos en el cuerpo con una pluma llena de sangre. Tras las persianas amanece y la luz deja que el mundo se vaya replegando sobre los dedos mientras escribo, en este silencio de palomas heridas. Es como si las tinieblas acecharan la voz inquieta de los cañaverales para dibujar el mapa del artista que se reconoce en cada sílaba. Mejor poner un dedo en la sutil componenda luminosa del día que se acerca y gritar con una voz simple el arrullo de otras mañanas, arrullo protegido por los abrazos y los besos de una compañía viva como el brillo de un diamante o la inflorescencia tardía de un malvón. Esto que se parece al hambre, esta soledad, esta inquietud, esta zozobra y relampagueo deja los platillos vacíos, hiela todo momento de inspiración, se lleva lo que queda, el resto de las mañanas atoradas en el retrete. Es cuestión de ritmo, de falta de melodía en la vida, cuando algo se quiebra y hay un perfume amarillo que sabe a lejía, un adorno de los olores de la mierda como vencido o atrapado en un cubil lleno de serpentinas. Mientras otros se divierten de falsas diversiones yo me acomodo y busco en el confort la ciega muralla de la palabra escrita que me lleva hacia el cuerpo derramado. ES hora de terminar. El imaginario sobrevuela la nada con sus arenas y sus pájaros. El arma robusta de la escritura señala cada silencio para quedarse con la bandera elegida al azar. Una maraña de pezones rojos , un pecho de verbena se queda boquiabierto en el mismo templo de los santos desnudos donde hablo de una eternidad sin consuelo que sería fruto del karma mas noble, algo así como la presencia socavada del espíritu en el cosmos y sería la nada , el misterio del tiempo y del espacio.

Thursday, September 24, 2009

Sentir el engarce de Sandra sobre mi cuerpo, su terca comunión de omoplatos y espalda en la sopa sexuada de su deseo, cuando juntos aprendemos en el silencio la conmoción del bulbo, las ratas que navegan palmeras arriba por la sed de las distancias y un acabar sin penas, un dejarse ir como regadío o firulete de lana en los escombros partidos del cuerpo. Sandra tiene entre las manos una llave llena de flores, un soneto musical ya ardiente, los flecos de una alambrada tan vieja y carcelaria como su honda personalidad que rebuzna bajo la noche inquieta de las palabras atroces como alfajores envueltos en azúcar o miríadas de pájaros que inauguran con su vuelo el amanecer. Y yo en desuso a su lado, peinado a la gomina, con las tijeras del viento tan prontas, desmantelando agonías, que se interpretan como tedios oscuros y amenazadores, tan desgarradores como grises tumbas o sementales muertos en su propia orina, clasificados los rumbos, el pie erecto, la noche difamada , el arco superciliar del verbo en las túnicas rasgadas, mucho, para no decir nada; apenas corcovear cerca del horizonte, tras las murallas, comiendo pizza para conocer la nobleza del sepulturero en el contorno de la cama , luego de dejar las vísceras y la mirada que cae en la alfombra sobre el vacío, la mengua del pastor, otra forma de perderse en el vicio rosa del encuentro cuando sus manos plegadas atizan el chispazo , le herrumbre rancia del agua de aljibe y todo se lleva a los márgenes de una escritura sobre almohadas. Ella propone la cita a pie de página yo propongo los hongos, la mordedura y a través de un destino de caballos que galopan pradera arriba con el olor del centeno me dejo ir tras los masajes, sintiendo en la espalda la brisa interior de los campos perfumados, la rota algarabía de una impotencia cercana al fracaso. Asi llueve sobre mis rutas y en los corazones afiebrados de pasión se desarman los ciclos y las oportunas acechanzas del miedo como si todos tuviéramos razón al mirar la muerte con los ojos cerrados, al ver la belleza de los mares profundos , la superficie eterna de las olas y el olor de la albahaca cuando sus dedos se aprestan a sugerir un plato de pastas, un sol como un huevo inflamado en la sartén, lloviendo en el aceite de la prisa, bajo la lluvia de un día domingo donde todo cae en subversión menos su frente que te delata , su frente que acompaña su mirada como un campo lleno de nieve y hay sueños y estoy parado frente a un espejo y veo solo el murmullo del tiempo que se refleja sobre los bandos del agua.


Mañana de un día de junio. Ser es desplegarse , irrumpir en la ceniza, en la cadencia del agua del arroyo, con sus maderos vencidos o sus tinajas, donde hay caciques y mujeres encinta para castigar con sus óvulos el sol, una manera de atarse a las cosas, de transformarse, ser olmo con florecillas amarillas, ser trébol junto al aroma de su néctar, estar en la apertura del mundo, fuera de la línea, dentro de un reflejo especular que asombra al gigante de los pasos de oro. Ser parte del territorio de la nada , una parte vacía que intuye la vida y la palpita con el corazón blando, con la garganta llena de cantares, como un pájaro. Así la noble cofradía inventa las buenas nuevas de los oportunos latigazos de la palabra para esconderse en los suburbios y leer de los libros prohibidos, mas allá de todas las revoluciones y las luchas campesinas, llevar el sueño de un atasco , de una hendidura para permanecer en la herida abierta del genio con la comida preparada , los ñoquis amasados y las estufas encendidas. Porque estamos en un día de invierno, un día tan dulce como la grosella, con unos cielos candentes, unas nubes hermosas, llenas de fanfarria como mascarones de proa.
El delgado hilo que une esta experiencia con el pasado habla del arte de una bicicletería , una manera de maniobrar la vela de la pequeña embarcación de la vida que a veces se somete a la angustia de los pasos fallidos para dar un brinco y torcer el rumbo hacia ríos espléndidos.


El amor inquieto que busca detrás de los cortinados su placer de origen, golpeando las puertas para salir a las cornisas, para estancarse en un muro, como la hierba, gangrena del agua, túmulo seco de todo suicidio. El amor que palpita en los rubios cabellos de la bengala donde se aturde el desierto con sus notas maquiavélicas , su ostracismo que a nadie aventaja, para ser territorio de la locuacidad y vencer en el páramo a los ejercitos de la nada. La firme voluntad de querer por sobre los abismos de la vida, replegándose en las luchas inciertas, dando la batalla para atemperar el corazón y ablandarlo; hacerlo suave como un paisaje de montañas nevadas, colocarlo en una hornacina junto a las castañas quemadas, al sabor de las nueces su columpio de paladares rebeldes, su sangre achicada en las riñas de gallos , en el muladar vacío de su esperanza que se agrieta y hecha viñas, rosedales , vertientes de uva blanca y silenciosa, uva madura de la tierra sonsacada para el abrazo de los sueños y la multitud de sentimientos agolpados en el silencio, venciendo como una fragata la redondez de la tierra, la marca de los relojes, su retorno al absoluto de noches estrelladas, de universos en llama y caballos desbocados para apaciguar la mente junto a tu mirada y estar en el centro de la circunferencia al menos por un instante, ser la totalidad que te integra en un cuenco de plenitud sin arrogancias, en una palabra tejida a mano entre cien guerras, como son las palabras liberadas , las terciadas palabras del origen en los tubos blandos del amanecer.




Pierdo la ceguera, las tinieblas del amor, el encuentro súbito con la sombra, una manera de andar tentando el sol, la circunferencia dionisiaca, los nombres y pliegues de una cosmovisión para entrar en el agua de los parques y subvertir al cisne y emplumarse de blanco en un beso para ser maniatado, corrompido por el jabón de la mente a todas las desdichas y los puentes de un abrazo y un llanto como un grito que atraviesa las paredes, los dibujos del ayer, dibujos preñados de leche tóxica, de quesos deliciosos y suaves para untar en los fogones donde se asa el cordero, se lo llena de betunes , se lo almuerza en digestivas siestas soleadas para mejor entender la música del acordeón y la respiración pacífica y dejar de lado toda violencia y sellar el mundo con las diásporas del muro, los falsos entendimientos de la flor apagando los secuestros, las noticias vencidas , la radio con sus progroms y toda una comarca, una comunidad que vierte el género de sus banderas en las ollas populares, al humo de las lentejas para hacerse acabar en las clases por una situación indigna de locura premeditada, donde suena la traición y la gomina , el espacio exquisito de otras mesas selladas en el lujo de la diferencia, devorando inquietudes de piedras preciosas contra zapatos rotos, que no puedo. Y el delirio del mal comer y las malas palabras puestas en sus justos lugares, la razón de ser de una amenaza y mucho desprecio hirviendo en las miradas y el hambre colgando junto a los cuadros , las luces de una agonía de ravioles secos en la contemplación efímera del vino y todo y nada para estar mudo o vencido en un manicomio que inventaron los dioses sobre la ciudad donde se levantan los caireles y las lámparas para los suplicios y navegar y hacerse onda y perderse en el sabor de un tallarín.



Bajo la ducha presiento un mundo de aves marinas, de rocas y andamios, de pinturas blancas y de rostros oscuros como la niebla. Me dejo llevar por la sensación del agua y la piel amarga se vuelve tersa y hay un eco de voces y un suspiro aquietado que da junto a la marea su estallido, su oportunidad de salir por el agujero de la novia donde se clava el recodo siniestro como una mandíbula o el torso nocturno del aire, las escolopendras del vacío. Y sigo bañándome en un mar de jabones, en una estampida de sueños que brotan como el estiércol para apantallar el rumbo de mi decir en una inquieta prosa que se desviste con la melodía sinuosa, con la querencia agotada de un trasluz por la ventana desnuda de mi cuerpo, el vértice de mi mirada , andando en otros caballos flacos va el sexo atribulado y mal dormido jugando a los ratones de la especie , matando canguros al alba con pistoletes de goma para viajar por otro mundos la nevada incierta del horizonte, el dulzor de una camisa agotada , la ranura en que se queja la dulce pena de la quena y todas tus cosas atadas con alambre al recuerdo vencido, como si fueran viejas fotografías, una cometa de risas estridentes, como una enfermedad que te ataca el estómago te envuelve el ridículo, la burla ajena por un momento de gracia usando taparrabos.


Un golpe de silencio en la soledad estrellada, cuando el obturador de la máquina se cierra y los espejos reflejan la mirada que hay en todas las cosas y una voz y un látigo para ser palabra en el cuerpo, para ser abdomen oscuro, vertiente del sol en el plexo cuando la dicha esta presente en el pesebre anarquista, que despide ángeles y estornudos , como vacas de madera y árboles navideños en tiempos de andar con los pies descalzos sobre la tarima y porque no el gusto de la hierba y la luna iluminando el recodo donde se viste la gasa de seda , la vela imprime su lluvia de llamas abiertas , su sonido cadencioso y todo es clamor de voces y gritos emocionales junto a las bandurrias del sentimiento, ahora que viene la inspección , en este discurso intercalado de sentidos , pelando la naranja del automatismo surge el riñón virgen de una silaba profunda como las venas y es América latina y es tierra que se deja balancear y poseer por los genitales de dios en la pobreza de sus yuyos, en el rastrillo inconmensurable de sus campesinos y sus remolachas para cazar golondrinos, saber del perfume seco de los yeguarizos, el ritmo acanalado de una mala andadura para inventar el oficio, reinventando el sentido, tratándose de un sentimiento, dejar que aflore libremente la letra, el conjunto de frases imaginarias, con su sintaxis perforada , su delirio pluscuamperfecto en los andariveles de la cita, gatillando los predicados de toda gramática que entorpece y se entromete delicadamente con los pies en el agua de la piscina sobre la sangre oscura derramada.


La palabra violenta ante el desamparo o la incertidumbre de la voz plural, la queja vacía que se articula como un relámpago, la gratitud que se avecina entre sombrías esperanzas y el abandono, la falta de trabajo como reprimenda, el no saber hacer, el estar aparte como quien se desprende del desprecio para atesorar un mundo. Y la inquietud de perecer en la sombra. Descansar en los abismos como si se tratara de una planicie ir detrás de los caminos más hondos en la áspera psiquiatría de los claustros y los enojos . Sublimar la esperanza, ver el mundo trastornado del pie de los iguales a los cementerios, el territorio gentil de las semblanzas. Y la hora oportuna. Y encallar en los silencios. Continuar la vida en el regocijo de una belleza que se intuye en las cuerdas de una guitarra para amansar los cielos profundos , para domesticar el alba en la cubetera amorfa del congelador, donde perdiste el nombre y el apellido y fuiste parte de otra música , de otra rutina o archipiélago. La serenidad se transmuta en un clarear de los orígenes donde reina la muerte, la agonía de los pechos y los úteros que sangran y el juego de llaves de la embestida que no funciona y las tratativas para ser perfecto y quedarse en el camino como una sinuosidad que atraviesa el murmullo . Si la mente fuera un atascadero. Si en todos los castillos resonara tu nombre de hierba para usufructuar la plenitud de la luna en un sentimiento ambivalente que devora el hielo del esperma , la luz de los cuerpos amatorios , la redundancia de todos los quehaceres por un supuesto latifundio de nombres y proezas donde se encaja el maíz y la cerbatana , el yegüarizo mestizo y la noche contemplada desde lejos con sus abismadas estrellas, como un secreto, como una voz que sondea la tierra desde sus anchuras. Y será ley y escritura y por dentro de la palabra se sacudirá de los silencios , quedará estampado como en una foto en esta vida que lo repliega y los deja inerte en la cama perforando los bulbos, los geranios que crecen alrededor de su almohada , su jardín de cuestiones exactas para no pensar, simplemente para dirigir y llevarse el tiempo a otros dominios de santa rita a tu rostro virgen la honda cadencia de una belleza que se lleva como un absurdo, que no se quiere mostrar, que casí se percibe como una imperfección o una ofensa.


Estoy harto de tanto límite impuesto por la ideología. Quiero abrirme al mundo, contemplar como cae la tarde, como caen los pájaros, como viene la guerra y sus definiciones y la canción de invierno y sus decapitaciones. Estoy harto de ver el gris de los muros del despido, harto de ver la misma sempiterna naranja volcándose de lado en el marxismo de las cosas indescifrables, la clase que me altera y el producto de mis temores o sospechas para aguantar el caudal de una miseria.
Estoy harto de este jugo de embarazos tardíos que aparecen como emergencia en el corte de unas tijeras, me duele la voz del aborto, el dinero del mundo en la garganta del niño, por decir algo estruendoso, escandaloso y mirar hacia otro lado y ver la misma naranja caer con boca de melocotón sin dormir a la hora que pasan las grullas vencidas por la calle de los libreros, una madrugada antojadiza para despertar en el libro rojo y volcarse de lado entendiendo los adjetivos de la tierra. Y dejar caer y ser caída en un latido sincero y no poder quedar bien con nadie salvo con uno, para traicionarse en el momento subsiguiente, siendo que el devenir es una alforja voluminosa que se lleva, atorada siempre, entre paréntesis , al mundo de los desiertos.


Roja revolución, los obreros dejan sus huellas de sangre en las paredes y la voz del invierno se continúa en los pasillos, mas alla de la pobreza, en una esquiva confluencia de palmeras.
Revolución que lleva a las heridas de agosto , los últimos vestigios de la primavera quitando el tiempo de las vértebras y las bolsas escanciadas y los golondrinos a altas temperaturas.
En tu desordenada imaginería me columpio como un niño frágil que lleva tras de sí la casa natal, la valija con los enseres y los libros, la creencia en una clase, en una manera de atar los mundos, mas escabiados los orígenes de serpentina, la gloria de no tener que arrepentirse, sin hacer daño, la confiscación de los bienes y una lógica que muestra al mundo en sus enfrentamientos, en su oscura ignorancia por un pedazo de pan , por una diferencia toda una vida y consentir el rumbo y apagarse en la fe y dejar que el tiempo decida sobre las huestes pobladas del ocaso rojo.


La cavidad sonora de la rosa, miembro ágil de los espejos en la aventura desdichada del odio, cuando no se puede y se atasca como un barómetro o una risa de porcelana, el jadeo tenue de los sexos, la algarabía corta de los colectivos y el humo y el estupor que franquea a cada transeúnte por ese pasadizo de la contradicción a la hora de la queja y los estatutos para donar cadáveres y salir por la puerta de emergencia fogueado por los incendios voraces, el templo inútil de tu risa menoscabada, ordinaria como la tos para reciclar el verano a la intemperie, avasallando pareceres como si se tratara de un exámen de conciencia o una blasfemia loca, desguasada en abril de todas las oportunidades exquisitas , la estructura diáfana de los quesos musicales, el olor de las alpargatas en el inútil calor de septiembre; que me decía del horizonte, de la confrontación y el despliegue titubeante de discursos , de la ola conspicua que alcanza la vastedad de los saberes en una horda imaginaria, en un redoble de tambores o mamboretaes. Que de la guerra y el cancionero español, la adarga y el escudo de familia para entre llevar los telares al prójimo y perder en la ganancia, en la vorágine del sol a la hora de las tucuras y los episodios televisivos según cuentan los novelistas para pasar del ridículo a las cosas serias del abdomen y las piernas flacas y el tabaco, la saciedad de un salto en el aire, de una nota de trompetas, el arte para todos sin fagocitarlo devorándolo en una dulce masticación de hembra, verter el polvo de tu sonrisa en otros labios, como si estuvieras gastada en otro sexo conmemorando los colores y el sentido inerte del azul y la mirada exquisita en los contrastes y las armonías tan dulces y plenas como hay casillas aventuradas en las formas del caos , como hay enojos y simpatías ocultas cuando abrazo tu dentadura detrás de los espejos, medio sonámbula, medio inquieta, el dolor de la palabra, la marca inteligente de la escritura que se bifurca que no halla el formato, que explota dentro de los cuerpos subvertidos por una raíz común de aparcerías y tantas coimas y tanto vagabundeo para exprimir el cielo y preguntarse donde y saber que se está a cada lado de tu persona jugando al vientre que delira y se desploma, el vientre seco y lleno, el temible vientre de ballena, con las agujas de coser y los dedales , con las costuras y las vencidas formas de atajar el esperma con las manos, como se pueda para hurgar en el cielo de los cometas una bondad consecuente que nada sabe de socializarse en los caminos , a la vera del garrote vil y las copas y la oportunidad de la celebración y el sexo, por un rechazo de la semejanza , un atisbo de odio , la otra cara de un entenado , la sinceridad del recodo y los nombres consabidos de toda proeza literaria.


La soledad del obturador. Que claustro para una tormenta.
Que devenir de intemperies, la matanza y la contigüidad de los parques y las aceitunas, con la capa de la locura que sobrevuela los tejados en una bicicleta nocturna y desamparada bajo los álamos campestres la miel dulce y blanca de las lechiguanas, los paredones, las encíclicas papales como si se tratara de una vecindad con el dólar o las maletas vacías. Y aspirar el tiempo. Y regodearse con el ritmo de las olas. Y sentir que la palabra se bifurca como se bifurcan los puentes o tu nombre, viéndote detrás de la ventanilla. Como un prócer. La partición lunática de un pedo , sin inventar aforismos el absurdo total en la invención de una carta que se estrecha como los dados y el cubilete, la razón de estar con la lombriz solitaria o el ahumador y el aroma del néctar y la espuma de la leche cuando sale de la ubre de la vaca sobre el balde de aluminio, las mañanas frías con gusto a queso, saber nadar en medio de la oscuridad, reencontrar el templo, dar vuelta la manivela y encender el motor y echarse a andar con la fonola y los discos agitados por guitarras y violines, por cantos de yacantos y especies en extinción , la bruma que pesa sobre las ideas como una confluencia de sueños y rapsodias en la juntura dionisiaca del verbo, no quites el sexo, no me hagas reir con tu sutil balanceo, a la hora de un hijo , de una noche que espero, la incertidumbre sobre los brazos del dinero y la muerte que contemplo desde cerca con los latiguillos de la mirada, para mejor seleccionar las palabras en tu cumpleaños.


Y si traían al niño , la canasta precaria de su deseo no podría sostenerlo, ante los brazos inquietos y vacíos del padre que, en conjunto, se llevaba los abortos de otras tempestades al miedo de la sangre y de la muerte desvalida.
Ese lugar respira la comba de tu superficie como un molino de embarazos partidos, quejas de otros ayunos como abecedarios ciegos y esculpidos en la memoria de la escritura y el inconsciente, para llevar en el miembro un psicoanálisis perfumado que sale a flote con sus reveses donde hay aire y se respira la palabra y se amortaja el deseo con toallones de mimbre.
Nada mejor que verse en los espejos de la idea para matar la contemplación invernal de la locura, en tiempos de materialismo, usufructo de las llanuras y el agua.
Los rosedales abarcan el espacio contiguo , el olor de la hierba recién cortada , la sensibilidad de unas manos ajadas por el mosaico cortado de los surcos, el espacio de las manos y sus grietas históricas y todas sus verdades tan simples como los cántaros , como los libros del tiempo, como el sabor de la leche.


Un guante para la semejanza. Una mano para morir temprano en la alcoba de la estancia. Un estanque con agua color de hierba, la rosada sangría del ocaso y las toallas en tu firma con la cadencia gris de tu personalidad. Si juntamos todo esto para hacer un buen queso y agregamos mermeladas y otros dulces.
Si aguantamos las várices inquietas y reventamos lo sobrio y lo desplazamos y lo herimos y al mismo tiempo, lo dejamos a un lado. Para encontrar un respiro en las cerraduras abiertas por tus venas. Si todo esto es posible y no se trata de un sueño. Si hay cadáveres detrás de las pancartas y mucho lujo y vejez y una nada tan cosmopolita como los discos que suenan en el fondo de la voz de un tal gardel , si en la danza de un oprimido se levanta una seda de luz candente y hay otros que no son agujero, la maravilla de estar despierto y colmado por la vida en un instante, agradeciendo la salud en un destello libertario de gracia y bonhomía, las revoluciones del deseo, la inquietud del prójimo como andadura, como camino para atesorar la vitalidad perdida. Una manera de arrancarse a las mareas , de irse tan lejos como fuera posible para un fracaso seguro en el campo de la domesticación por las letras , en el augurio de un porvenir solitario juntando huesos caídos al azar por un polvo, una equivocación tardía que arroja a las nieves los escapularios , los horizontes. Y mejor pensar en el éxito que tanto ha costado. En la mejor de las batallas . En la subversión y aniquilación de la locura. La crisis del mundo que desgarra la conciencia. La soledad de saber y estar marcado. La raíz de tu fuelle, tu triste tango , la ciudad que vomita desesperación en las alturas y tus labios cantores, labios de témpera para pintar sobre cartones la maldad de todas tus adivinanzas, como si se tratara de una canción , música sin alas para contemplar la ocurrencia que surge en la bañera con el agua tibia y el jabón , en tus grupos , la rosácea de tu sangre y de tu futuro para congregar el esperma limpio de horizontes verticales.


Y si repudio la sombra del útero, la luna amparada en tu gineceo, los tallos del saber en platos de loza para la pereza del odio desgastado, en un haber de explicaciones fortuitas , en una mezcla de barrios y calles estampadas como tu cuerpo o tu hendidura en el nervio, amianto colosal de la suerte , a trasluz de la desdicha en sombras de parques y hondonadas en las piernas de tus estambres, en las alturas de tu corola vacía como los genitales, en el frío congelado de la huella y servir para el territorio del fracaso , la mordedura nocturna del almíbar, la locura ciega y desatada en fuegos de artificio.
No me expliques mas. Déjame ir por un costal . A la orilla de un río sesgado la pecera de barro y los peces de colores en la sombra de tu sexo , de tu sueño como acolchado, sin gemir, en el placer silencioso de las algas, vomitando la superficie del dolor en una pequeñísima queja anodina, tan fugitiva como procaz , la ranura por donde el circulo se asoma a la intemperie y grita libertad porque es un ejido de símbolos y llaves secretas el idioma obturado por un secuestro y el dinero de las noches acontecidas e inquietas cuando surge en la radio tu voz y la quietud estelar de los silencios y una palabra milagrosa que acompaña en la soledad el papel de estraza y la birome para los guantes de cabritilla de toda la admirada locución. Yo escribo y tiento la hora de mi sentimiento, mis imágenes sobre valoradas , mis contubernios con la lengua en el patio trasero de la gramática , yo escribo. Y escribo para hamacarme , para regodearme en el tobogán de la palabra , para subir al trapecio de la frase y quitarme la ropa y balancearme. Escribo para dejar sentado el emplazamiento de los parques contiguos, el olor de tu nombre, el olor de la hierba y cada cadáver exquisito una manera de echar aceite en la verdura, una manera de leer en los libros intempestivos del cuerpo para evitar el aborto, la sangre que se escurre en otros brazos y darle un sentido al vivir en la no merecida batalla del encuentro.

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De color turquesa la verdad. De venas latinas, antropófagas.
Con abismos oscuros , deletreando corazones de mujeres, subiendo ascensores, en la plena mancha de tinta en el secante para volver a dibujar con tus manos la humedad en la pared, el llanto que se escucha en los pasillos , una mañana de ternura fugaz para amontonar los ladrillos y levantar las paredes del rancho, el agua hirviendo y las nueces, los quesos y jamones colgando, sin hablar de las serpientes o las arañas y los niños en pelota con las bocas sucias y la relamida del perro, los cojinetes vacíos del motor, la palanca de cambios de tu sexo pelando cebollas con la mañana como un pimiento en las entrañas, una cabalgata de hormigas horadando el pan en un plato de aluminio y llevar los pantalones a coser, la bragueta rota de tanto importunar en los lavabos , de tanto andar meando a zancadillas por el suelo para las especias, el clavo de olor , la nuez moscada , el azafrán mezclado con arroz y vino tinto y la rosa portulaca en las macetas de tu rostro sonriente, casi sin dientes de tanta pobreza, tu piel de maíz , el vellón de oveja que te crece por la espalda hasta tus piernas, para que afloren las campanas, las cartas de truco, el rey de bastos y el sabor de la grosella cuando te escondes bajo las sabanas en el piripí de tu deseo, haciendo cosas de mojigata , franqueando con pequeños sobornos la ruta del placer, esa noche que te aguantas, entre las latas y las ratas los desusados pijamas del invierno, las estufas de carbón y lanolina surcadas de arena y palo para inventar otros fuegos colosales, la tibia leche de tus senos, canción dulce de la milpa , del abejorro envuelto en cáscaras de melaza, como son los tugurios finos de la hembra en el polen acuático y marino.